Vicente Blasco Ibáñez, la noche que daba fin al siglo XIX y comienzo al siglo XX, visitó a Teodoro Llorente para rendir el homenaje debido a quien, además de su crítico literario más certero, era el indiscutible patriarca de las letras valencianas.

En el momento de la despedida el forjador del regionalismo valenciano le dijo a quien consideraba el mejor novelista valenciano: «Hijo mío, ten cuidado. Nunca olvides que los grandes hombres se miden por el número de sus enemigos». Una muestra del afecto que guardaba a quien muchos consideraban su feroz enemigo.

Porque Teodoro Llorente era, en aquel momento, el líder ideológico indiscutible de la Valencia moderada, del regionalismo, defensor al tiempo de la unidad de España y del debido reconocimiento a la diversidad de sus regiones históricas, que tanto había incomodado a Cánovas del Castillo, el jefe, era la acepción popular, del partido moderado.

Una tesis ideológica, trasladada a la acción política, que Francisco Silvera había recogido, transformado en la razón primera de una modernización del partido conservador que consiguió derrotar al propio Cánovas. Maura la recogería más tarde para intentar salvar del naufragio a los partidos que habían gobernado durante la Restauración. Misión imposible, como sabemos, que tendría como fin la dictadura de Primo de Rivera.

También Vicente Blasco Ibáñez era, en el momento, el líder indiscutible del republicanismo valenciano. Y su camino en defensa de la identidad valenciana, aunque en la ribera opuesta, había sido semejante al de Teodoro Llorente.

También él había roto con el partido republicano federal de Francisco Pi i Margall. Lo hizo al considerar que las tesis aislacionistas que defendían ningún pacto con los demás partidos republicanos, solo conducían a ofrecer el triunfo a los partidos monárquicos. La división entre los demócratas, la pervivencia de la utopía federalista, solo conducía a la derrota republicana.

Con Nicolás Salmerón, presidente de Unión Republicana, mantuvo también significadas diferencias. Y esta vez a causa de la defensa de la autonomía del partido republicano de Valencia, de su libertad de acción, y del rechazo al pacto con el nacionalismo catalán que quien fuera presidente de la I República defendía.

Una realidad, el rechazo al catalanismo, compartida con el director de LAS PROVINCIAS. Un proyecto común que nos marca la recta que ambos siguieron en la defensa de la autonomía valenciana, en la lucha por la identidad de nuestro pueblo, frente a los intentos del catalanismo político por hacerla desaparecer. La Solidaridad Catalana no puso, en aquellos tiempos, sus pies en Valencia.

Teodoro Llorente había conocido lo que significaba la voracidad catalanista cuando descubrió que la Renaixença no era para ellos un movimiento cultural nacido para defender la diversidad de las comunidades históricas de España, sino que era, en el testimonio de Víctor Balaguer, el vocero catalanista, un proyecto político que culminaba con la creación de los Països Catalans y la fractura de España.

El primer poeta de la Renaixença Valenciana huyó de ellos. Como lo hizo Constantí Llombart, el querido maestro del autor de 'La Barraca', y ambos, Llorente y Llombart, se unieron para crear Lo Rat Penat. La Institución Cultural nacida en 1878 y cuya misión no era otra que defender la lengua, la Historia y la Cultura Valenciana.

Blasco Ibáñez descubriría con ellos, formando parte de la Junta de Gobierno de Lo Rat Penat en los años que fue presidente el barón de Cortes de Pallás, lo que significaba el catalanismo político. El intento de hacer desaparecer la personalidad valenciana en el marco de la Catalanidad.

Fundado el periódico El Pueblo en el año 1894, su director-propietario, el reconocido novelista valenciano, lo convirtió en un portavoz permanente de la identidad valenciana, de su singularidad e independencia y de su rechazo a un catalanismo que consideraba como la nueva Peste que amenazaba a Valencia y a España.

Llorente, Llombart y Blasco Ibáñez, esfuerzos unidos, proyectos conjuntos de republicanos y monárquicos que ahuyentaron de nuestras tierras en el primer tercio del siglo XX la plaga que los amenazaba.

Hoy la plaga catalanista ha vuelto. Y no se vislumbra a nadie que pueda detenerla. No existen, o están escondidos, los prohombres que en otro tiempo la extirparon. Sólo conocemos la cobardía de los grandes partidos o la división de los pequeños. Los que se arrodillan ante el poder catalanista o los que dividen a las escasas fuerzas valencianistas. La Patria Valenciana vive con zozobra. Aunque tal vez...

Fotos

Vídeos