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FERRAN BELDA

El presidente de la Generalidad está tan convencido de que con cualquier otra distribución administrativa la Comunidad Valenciana estaría más unida y feliz que todo lo que no sea provincial es vertebrador para él. Son vertebradoras las comarcas. Lo que más, desde luego. Pero también lo son las mancomunidades, los consorcios y, por qué no, las áreas metropolitanas. A falta de pan, buenas son tortas. ¡Lo que daría Ximo Puig por tirarse a la boca ahora un Gran Valencia, no, porque era franquista, pero sí un Consell Metropolità de l'Horta, disuelto -con todo merecimiento- en 1999!

Hasta las cámaras de comercio (CC) son vertebradoras para el titular del Consell. Imagino que porque no todas son de ámbito provincial e incluso porque hay una de ellas, la de Alcoy, que pretende derribar estas «opresoras y disolventes barreras decimonónicas» para superar el raquitismo que padece. Una operación que a sus oídos antiprovincialistas debe sonar a música celestial. A 'El cant dels maulets' en versión original, como poco. Lo afirmó en el discurso de clausura de la reunión del comité ejecutivo del Consejo de Cámaras de Comercio de la CV, celebrado precisamente en Alcoy: Las cámaras de comercio contribuyen a la vertebración de la CV porque realizan su actividad en «111 municipios de 30 comarcas diferentes». Un argumento -admitámoslo- que trasladado a otros ámbitos convertiría a Iberdrola, a Telefónica o a la mismísima Iglesia Católica en infinitamente más vertebradoras que las comarcas, las mancomunidades y las CC juntas. En el no va más en punto a vertebración territorial, pues no sólo prestan servicio a los 542 municipios de la CV, sino que sus delegaciones no se ciñen al «opresor corsé» provincial. Aunque unas, las empresas, lo hagan porque diluyen la CV en una denominación aún más «despersonalizadora» llamada comúnmente Levante; y la Iglesia, porque su unidad administrativa es la diócesis desde el tiempo de los romanos y no la iba a cambiar porque lo dijera el señor Burgos en 1833. Pero eso explíqueselo usted a un señor que con tal de socavar los cimientos de las tres provincias es capaz de dejar enredar a los alcoyanos que dirigen la Conselleria de Industria en una dirección que tarde o temprano provocará algún cortocircuito.

La puntilla, de todos modos, a esta creencia presidencial en el poder taumatúrgico de las CC se la dio, a su pesar, un amador de las glorias camerales, Xavier Ribera. En un artículo que no puedo por menos que relacionar con los ditirambos vertidos por el titular del Consell a orillas del Serpis, Ribera vino a decir que lo que ha de hacer la Generalidad es no aprobar el borrador del reglamento de régimen interior de las cámaras que le han pasado a la firma mientras éstas no se rijan por criterios democráticos. En su opinión, difícilmente serán modelo de nada unas instituciones de derecho público a cuyos órganos de gobierno se accede, en gran medida, pagando y donde las decisiones se toman a mano alzada.

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