El último esperpento

Va de bo!

Que se use el Premio Broseta para desatar polémica ya retrata a Compromís. Las críticas al galardonado han hecho el resto

MARÍA JOSÉ GRIMALDO

De esperpento en esperpento y tiro porque me toca. Así pasan muchas de las semanas en la Comunitat Valenciana, donde además de infrafinanciación, que también, hay vida. Vida que permite honrar la memoria del profesor Manuel Broseta, asesinado por ETA hace ahora veintiséis años.

El Palau de la Generalitat acogió el martes la entrega del Premio Convivencia que anualmente entrega la Fundación que lleva su nombre. Y ahí estuvieron ellos, Compromís, no en el acto, sino protagonizando el esperpento de la semana.

Primero, porque el mero hecho de generar polémica con la entrega de este galardón, concedido este año a Societat Civil Catalana, sí, pero creado para rendir homenaje a una víctima de ETA, ya resulta grotesco, grosero y desatinado. Y así es como el diccionario define la palabra esperpento.

También, sectario. Las críticas de altos cargos de la formación nacionalista, que con tanto desatino, una vez más, inició el secretario autonómico de Empleo así lo corroboran. A Nomdedéu no le ha gustado que el premio a Societat Civil Catalana se entregue en el Palau de la Generalitat y que lo hiciera el presidente Puig. Falso. A él, como a otros altos cargos de Compromís, lo que no les ha gustado es que el premio haya recaído este año en una entidad que se ha posicionado abiertamente en contra del independentismo y a favor de la unidad de España.

En el Palau de la Generalitat, y también por parte del presidente Puig, se hizo entrega el año pasado, como éste, del mismo galardón a Felipe González, muy merecido, por cierto, y no recuerdo que abrieran la boca. No sólo eso. Además, participaron en el acto. Enric Morera, alto dirigente de Compromís y hoy presidente de Les Corts, seguro que se acuerda.

Me pregunto cuánto hubieran dicho este año los dirigentes de esa formación política si el galardonado, que de forma completamente libre elige un jurado, hubiese sido Òmnium Cultural o la Asamblea Nacional Catalana (ANC).

Quizá olviden todos esos críticos, o ni lo saben, que la Generalitat de la que como altos cargos forman parte es patrono de la Fundación y que uno de los suyos, en este caso la consellera de Sanidad, que aunque es del PSPV pertenece a ese gobierno del Botànic compacto y a prueba de bombas, formó parte del jurado durante la presente edición.

Y no, vicepresidenta, no. La libertad de expresión, a la que usted apeló para justificar la reacción de los suyos, no vale para justificarlo todo. Claro que tienen derecho a ella los altos cargos. Sólo faltaría. Pero en su casa y con los suyos. No cuando nos representan a todos.

El presidente de la Generalitat, siempre en guardia para salir al rescate, tuvo que aprovechar su discurso en el acto para defender el respeto a la pluralidad y la diversidad como la mejor manera de convivencia. Merecedora de otro galardón, presidente, es también su paciencia.

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