Trump, Damasco y Moscú

Washington vacila, pero se supone que más pronto que tarde, una represalia aérea dejará claro el malestar norteamericano

ENRIQUE VÁZQUEZ

Constitucionalmente es un hecho indiscutido que el presidente de los Estados Unidos es por definición el comandante en jefe de las poderosas Fuerzas Armadas y, como tal, también debe arrostrar el peligro inherente a las consecuencias de sus órdenes. Donald Trump no es una excepción y con su staff está examinando cuidadosamente qué hacer tras la confirmación de que el ejército sirio utilizó armas químicas estrictamente prohibidas el sábado pasado y mató a más de cuarenta civiles.

Inmediatamente después de conocerse la atrocidad, el presidente estadounidense comunicó al público a través de su medio preferido, un tuit, que había dado órdenes al Pentágono de tomar represalias... como ya había hecho el cuatro de abril del año pasado contra una base aérea siria en respuesta a la utilización de gas por el ejército de Bachar al-Assad, que había causado la muerte de unos ochenta civiles.

Trump, de paso, hizo saber que no podría asistir a la cumbre latinoamericana a celebrar en Perú mañana (y, por tanto, tampoco visitará Colombia) y que el vicepresidente Pence lo haría en su lugar.

La demora en efectuar los ataques suscita especulaciones puramente militares pero también políticas. Las primeras porque la ausencia de una réplica instantánea sugiere, sencillamente, falta de medios adecuados en la región: no hay un portaviones cerca de Siria a día de hoy y el recurso a misiles lanzados desde barcos menores no garantiza el esperado éxito. La aviación israelí, en cambio, lanzó el lunes un bombardeo de la base aérea T-4 cerca de Palmira, en Siria -violando de paso la soberanía aérea del Líbano- para dar un aviso a Irán y al Hizbollah libanés, que están terminando de ganar la guerra.

En este marco, y en tanto Washington reúne un consenso de apoyo occidental al eventual bombardeo norteamericano, se reabre la cuestión central de qué decidirá finalmente Trump en relación con Siria.

Tras mostrarse durante meses muy reticente a toda implicación material en el conflicto, se enfrenta ahora a la audacia de Irán y sus socios locales, que se acercan un poco más cada día a la frontera norte de Israel y a la desenvoltura rusa en una amplia zona donde Moscú defiende a fondo su papel de protagonista histórico.

Washington vacila, pero se supone que más pronto que tarde, una represalia aérea dejará claro el malestar norteamericano. El gesto, sin embargo, no alterará a fondo el nuevo 'statu quo' que se dibuja en la región.

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