Trono para dos

Tal vez no quepan dos reyes en un mismo trono. Pero sí dos presos en una misma celda

CARLOS FLORES JUBERÍAS

Cuenta Víctor Balaguer en su 'Historia de Cataluña y de la Corona de Aragón' que, sabiendo cercana su muerte, el conde Ramón Berenguer el Viejo decidió legar sus estados a sus dos hijos gemelos, «pero sin dividir el poder condal, sin erigir dos soberanías, sin romper, por decirlo así, la unidad de su monarquía». Para de inmediato sentenciar: «incauto anduvo en esto el en tantas cosas prudente y avisado conde. Ignoraba sin duda que no caben dos reyes en un mismo trono y que una diadema es demasiado estrecha para ceñir dos frentes sin romperse».

Como se ve, la Historia lleva siglos probándonos que las bicefalias no son sencillas de sobrellevar, y calculo que menos aun lo serán si se plantean en los bien pintorescos términos en los que el nacionalismo catalán ha diseñado la que desde ya van a protagonizar Carles Puigdemont, «presidente legitimo» y Quim Torra, «presidente provisional».

De momento, el hecho providencial de que aquél vaya a tardar un tiempito en volver por Barcelona ahorrará a éste un buen número de problemas prácticos pero ello no les evitará tener que resolver otros muchos.

Para empezar, los de carácter simbólico. ¿Qué retrato presidirá las dependencias de la Generalitat? ¿O acaso se seguirá el precedente norcoreano de exhibir juntos y en perfecta armonía estética las efigies del «presidente eterno» y del «querido líder»? ¿Pasará Torra a la Historia como el 131º President de la Generalitat, o deberá conformarse con ser el 130 bis? ¿Se avendrá Puigdemont a compartir con él el título de 'President' o deberán los catalanes referirse a él como «títere», «fantoche» o «marioneta»? ¿Se hará acreedor el día de mañana de un retrato en la galería de expresidentes, o deberá conformarse con aparecer, como si del loro de un corsario se tratara, mascando pipas sobre el hombro de su amo? Pero a continuación estarán los de índole política -¿quien recibirá las bofetadas parlamentarias cuando las cosas salgan mal, o los aplausos cuando salgan bien?-, los de índole administrativa -si Puigdemont elige a los futuros 'consellers' ¿podrá Torra decidir al menos los nombramientos de barrendero para abajo?-; o los de índole pecuniaria -¿se partirán la nómina?

Eso sí: los que a buen seguro no les van a generar rivalidad alguna serán los de naturaleza penal. Las bancadas del Supremo quizás no sean tan cómodas como los tronos, pero desde luego son lo suficientemente amplias para acomodarlos a los dos, y a cuantos quieran acompañarles en la aventura de «construir la República». Que para eso el Código Penal es prolijo a la hora de contemplar todos los matizes imaginables -«autor», «cómplice», «inductor», «cooperador necesario», «encubridor»- cuando de aquilatar responsabilidades delictivas se trata. Y quién sabe si es también por eso que las celdas de Estremera están pensadas para dos.

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