TRISTEZA

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

Tras los últimos acontecimientos, y con la serenidad de quien escribe dos días después de la lamentable jornada del no retorno, sólo he logrado hallar un término capaz de sintetizar todo lo que siento: tristeza. Claro está que el dolor, la vergüenza (ajena, pero tan propia), la rabia, el bochorno, la indignación e impotencia, la angustia y, sobre todo, el enfado han aflorado durante este torrente emocional, casi tan devastador como si se tratase de una ruptura sentimental. Aunque, quizá, también lo sea. Pero, el desconsuelo, sin duda, ha conseguido abanderar este 'procés' anímico que probablemente sea tan íntimo e interno, como generalizado. Tristeza por constatar, una vez más, que la bajeza política de nuestros representantes todavía parece no haber vislumbrado el sótano de la torpeza parlamentaria. Tristeza porque lo que nunca debió dejar de ser una contienda política ha metamorfoseado a reyerta, no sólo judicial, sino de la gente, de las familias y amigos. De todo un pueblo. Tristeza al comprobar que el concepto diversidad es sinónimo de ruptura. Tristeza porque mientras algunos tratan de negar la evidencia de que dentro de aquellas pseudournas había pseudopapeletas, otros pretenden legitimar su pseudodemocracia. Tristeza por los golpes, la sangre, la violencia, las porras (tan empleadas por los Mossos en ediciones anteriores) y los heridos. De uno y otro bando. Tristeza al confirmar que ciertamente hay bandos. Tristeza por los niños que presenciaron semejante desfachatez. Por las fotografías y titulares que últimamente acaparan portadas de medios internacionales. Y nacionales. Tristeza por la más que cómica y deplorable cobertura de nuestra televisión pública. Pero también por la de TV3. Y por seguir, sin la nuestra propia. Tristeza al escuchar a Rafael Hernando sostener que hay quienes desean muertos. Porque hoy hay más división que ayer y nadie, siquiera, finge asumir responsabilidades. Tristeza por los que piensan que España es Rajoy y Cataluña Puigdemont. Tristeza porque falta mucho sentido común y ya se atisba el precipicio. Tristeza democrática.

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