TRES PADRES

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Sólo desde el férreo sesgo ideológico que emponzoña el razonamiento se entiende la polémica sobre la prisión permanente revisable, ese eufemismo que se emplea para la cadena perpetua con una leve luz al final del túnel. Cadena perpetua suena mal, y en estos tiempos de corsé políticamente correcto, no conviene asustar. Y qué más dará, como si así fuesen a convencer a los irreductibles atrapados por su manera de cavilar unidireccional...

Tampoco vamos a defender, ni en caliente ni en frío ni en medio pensionista ni en entretiempo ni en hibernado, lo que dijo Clint Eastwood, antaño gran facha (época Sergio Leone y sobre todo Harry el Sucio) y hoy vaca intocable de los progres. El viejo pistolero se declaró en contra de la pena de muerte salvo si habían violado o asesinado a un niño.

No, en Europa no consentimos que el Estado se equipare al criminal, por suerte, en ningún caso. Sin embargo sí que nos parece oportuno ese exilio intramuros casi de por vida para esa clase de desalmados que han cometido fechorías imperdonables. Resulta imposible no comprender a esos tres padres, los de Diana, Mari Luz y Marta, en su lucha. Ningún rastro de España negra, vengativa o histérica flota sobre sus cabezas. Hablan desde un vocabulario rico y sin ademanes broncos, desde esa frialdad cuajada de dolor reconcentrado, desde esa verdad que sólo nace en el verdadero sufrimiento. Y convencen. Y conmueven.

Y percibimos que sólo pretenden que el horror de sangre no se repita cuando el asesino regresa a la calle y sus demonios le arrastran a un nuevo crimen. Y nos rendimos ante su formidable y fordiana dignidad porque no podemos hacer otra cosa sino admirarles. Pero los grilletes ideológicos encadenan algunas mentes estrechas justo en un asunto que ni es de derechas ni de izquierdas, sólo de mera sensatez. Lástima.

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