El trenecito tampoco era sostenible

Belvedere

A Ribó y a Grezzi los dejas a su aire y son capaces de prohibir la proyección de 'Dumbo', película de 1941, por no ser políticamente correcta

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Tú a Ribó y a Grezzi los dejas que campen a sus anchas y ellos se ponen y cuando te quieres dar cuenta te lo han cambiado todo para hacerlo sostenible. No sólo la movilidad o los proyectos de obras, también la alimentación, la iluminación navideña y todo lo que se les ocurra debe responder a los nuevos cánones del riguroso catecismo nacional-ecologista. La última víctima de la guillotina políticamente correcta ha sido el trenecito del viejo cauce, que a mí, vaya por delante, me parecía una auténtica horterada, como todos los trenecitos y los barquitos turísticos, que para eso soy aficionado a los trenes de toda la vida y a los buques de mercancías de casi 400 metros de eslora y capacidad para unos 18.000 contenedores. Pero hombre, de ahí a cargárselo porque contaminaba el jardín del Turia como si cuando uno está a la altura del Palau de les Arts corriendo o haciendo bicicleta le llegaran los efluvios tóxicos del trenecito circulando por el parque de cabecera... El problema, como digo, es que los dejas y no tienen límite, por ellos no pararían. El otro día di rienda suelta a mi imaginación y me puse a pensar qué harían los guardianes de las esencias del tripartito si ahora se estrenara una película de animación como 'Dumbo', que de la mano de Disney llegó a las pantallas en 1941, en plena II guerra mundial, poco antes de Pearl Harbor. Para empezar, le pondrían la proa porque el famoso elefante trabaja en un circo. ¡Un circo con animales! Aparta de mí ese cáliz. Además, el tal Dumbo es ridiculizado por sus congéneres debido a sus grandes orejas, es decir, sufre un intolerable 'bullying' por culpa de su aspecto físico. Más motivos para tirar por tierra la cinta. Y ya puestos, una vez metidos en faena, ¿por qué un elefante y no un animal de proximidad como nos recomienda nuestro Excelentísimo Ayuntamiento que hagamos con la alimentación, que consumamos alimentos 'de proximidad'? Para que una película así se pudiera ver en la Valencia sostenible de los comisarios políticos nacional-ecologistas debería estar protagonizada no por un elefante que a saber de dónde viene (en 'Dumbo', lo trae la cigüeña, argumento de indudable tufillo fascista y catolicarra, más gasolina al fuego) sino por un fartet o un samaruc con los que los niños valencianos podrían sentirse mucho más identificados e incluso hablar en «la nostra llengua». Y si todo esto no fuera suficiente para que la dichosa creación de una multinacional norteamericana -capitalista, imperialista y explotadora, nada sostenible y mucho menos próxima- no pasara la censura verde, queda por fin un elemento definitivo, la prueba de cargo, el arma manchada de sangre que en esta nueva Valencia sostenible que ha alumbrado Ribó permitiría rechazar la proyección de Dumbo en las pantallas de cine. ¿Saben cómo se trasladaba el circo con animales -¡con animales!- en el que hacían trabajar al pobre y acosado Dumbo? Acertó: en un trenecito.

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