Los tránsfugas Marí y cía.

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Es hasta posible que Alexis Marí y sus tres compañeros de fuga tengan razón, que el partido por el que se presentaron en las elecciones autonómicas de 2015 ya no es el mismo aunque el nombre se mantenga: Ciudadanos. Es cierto que como es sabido la formación naranja se acostó una noche socialdemócrata y se levantó a la mañana siguiente liberal, lo cual es digno de estudio y análisis profundo. Y también es verdad que el grupo parlamentario que lidera Albert Rivera en el Congreso está sirviendo para apuntalar al Gobierno del PP, lo cual no le ha impedido sumarse a determinadas iniciativas de la oposición o apretar las cuerdas a algunos ministros con el objetivo de llevar adelante su programa. Al mismo tiempo, si Marí fuera justo y ecuánime -que no lo puede ser porque él es el afectado- debería hacer autocrítica con su actuación como portavoz de su grupo durante los dos años que ha durado al frente del mismo y en los que en más ocasiones de las necesarias se alineó con el tripartito antes que con el PP, como si los populares fueran el enemigo público número 1 y la amalgama de socialistas, nacionalistas y populistas el aliado natural de los naranja. Cuando los sociólogos lo que dicen es que el voto de Ciudadanos procede principalmente del centro-derecha, es decir, es voto arrebatado al PP, y en una medida mucho menor del centro-izquierda. Y cuando la razón de ser y de existir de este partido fue la oposición frontal a un nacionalismo catalán que acabó derivando en independentismo, por lo que no se entiende esa comunión permanente de Marí con algunos miembros de Compromís. Pero con eso y con todo, vamos a suponer que Marí y sus socios -como decía al principio- lleven la razón y que su partido ya no tenga nada que ver con el de 2015. Perfecto, lo tenían muy sencillo, haber presentado la renuncia al puesto de diputado y haber entregado el carné de militante. En definitiva, haberse marchado a casa. Porque el escaño, lo quieran o no, no es suyo sino del partido, al ser listas cerradas. Pero no lo hicieron así, optaron por la vía cómoda de criticar, marcharse dando un portazo pero quedándose el sillón de parlamentario y el jugoso sueldo que lleva aparejado. Y con ello, con su actitu, perdieron cualquier atisbo de razón que pudieran tener, si es que la tenían. Se convirtieron en unos simples y vulgares tránsfugas, unos más en la historia de la democracia española, donde este personaje tanto ha abundado en el Congreso, en el Senado, en los parlamentos regionales y en los ayuntamientos. Ya puede darle todas las vueltas que quiera Alexis Marí pero el día en que decidió darse de baja de Ciudadanos y quedarse con el escaño se convirtió en el tránsfuga Marí, y cuando va en sociedad con sus compañeros de aventura son los tránsfugas Marí y cía. Sólo eso.

Fotos

Vídeos