Trampas

Vuelve a sonar la música vieja de una Generalitat exiliada a los pies del Canigó

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Todo es cuestión de sentimientos y percepciones. De modo que cuando ayer sonaron los himnos en la Lonja de la Seda, cada cual puso su acento e incluso pudo parecer que la música tenía resonancias especiales. Como los aplausos, especialmente vibrantes cuando doña Letizia mencionó al Rey y se hizo portadora de las buenas vibraciones que estaba recogiendo bajo unas bóvedas nacidas para el comercio digno, el acuerdo honrado y la palabra cumplida sin doblez.

Y allí estaban, firmes, los actores principales de nuestra política. Ximo Puig, con el discurso más certero que le he oído en años, ajustado al modelo valenciano. Y Enric Morera, el nacionalista que el domingo H'darrer diumenge d'octubre'- le advertía, en El Puig, de las «trampas» de Mariano Rajoy. ¿Trampa nuestra Constitución, señor Morera? Trampa para su percepción, sus intereses y su futuro, porque lo que ha ocurrido en Cataluña, cada minuto se ve mejor, ha sido una torpeza que golpeará a todos los nacionalismos periféricos un buen puñado de años.

Desde luego, que la Reina habla muy bien. Es su trabajo, nunca mejor dicho. Don Juan Carlos, y ella con su esposo, rompen la cadena casi infinita de monarcas que tuvieron dificultades en la expresión y nunca, según parece, supieron explicarse ante su pueblo, sin trampas ni tentaciones, siguiendo la pauta de una Constitución seguida con fidelidad. Minutos después, mientras cumplía con ese besamanos del siglo XXI que consiste en aceptar mil fotos digitales, los mismos teléfonos del 'selfie' repicaban la explicación evidente de por qué el fiscal Maza había aplazado su conferencia en el Club de Encuentro: Puigdemont y todo su gobierno eran objeto de una querella por rebelión, sedición y malversación.

Sin trampas, ha llegado el peso de la ley. Que cuando se mueve, es inexorable. Y que nos llevará a interpretar si hubo o no violencia merecedora de la condena por rebelión. Pero sin más alardes, ni aspavientos, elecciones. El líder de Esquerra Republicana, qué paradoja, dijo ayer que las del 21 de diciembre son unas elecciones-trampa. Pero mira tú por dónde no va a haber nadie capaz de renunciar a la «trampa de Rajoy» y abstenerse de participar en ellas.

Ayer empezó a implantarse en Cataluña la realidad nueva. Y solo los dueños de la redoma mágica del sentimentalismo empezaron a insinuar, en Bélgica nada menos, esa hipótesis nostálgica de una nueva Generalitat en el exilio. Porque es más fácil caer en la trampa de lo soñado largamente que en la realidad zafia de resolver las listas de espera o el paro obrero. Volverá a sonar, en efecto, esa trampa del mito no alcanzado que se pone a salvo, con las reliquias salvadas de los bárbaros, al otro lado de la frontera. E incluso encontrarán otro músico que, como Casals en su día, organice conciertos a la sombra del Padre Canigó.

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