El tráfico

CÉSAR GAVELA

Muy probablemente las ciudades de mayor calidad de vida de Europa están en Escandinavia. Y esas ciudades consideran un lujo el tráfico privado de vehículos por el centro. Los coches tienen importantes barreras no precisamente físicas para acceder a las calles y plazas más concurridas de las ciudades suecas, noruegas o danesas. Ello se debe a que a la entrada de tales zonas hay unos artefactos electrónicos que registran el paso de los vehículos. Controles que, llegado el final de mes, se convierten en un cargo municipal que le llega al titular de un coche. Y que hay que pagar, claro. Pongamos que unos 200 euros, por decir una cifra normal en un coche que circule con cierta regularidad por tales recintos. Porque ir en coche al centro de las ciudades empieza a ser un privilegio que hay que pagar. Naturalmente, de estos cargos están exceptuados los vecinos, las personas discapacitadas, determinados profesionales, etc.

El ayuntamiento de Valencia ha abordado sus competencias viarias con mucho brío. Ha tomado decisiones radicales y muy discutibles, como cancelar la posibilidad de aparcamiento en el carril bus a partir de las diez de la noche, cuando el tráfico es infinitamente menor. Otras decisiones, que también han incomodado a muchos conductores y viandantes, parecen más justificadas. Como la extensión del carril bici por calles y plazas que antaño no tenían esa posibilidad. Eso sí, unas y otras decisiones han sido implantadas con una altanería censurable. Porque la legítima acción pública debe ser articulada con mesura, máxime cuando supone unos cambios importantes en la ordenación del tráfico. En todo caso, es muy probable que el carril bici sea beneficioso a la larga para la ciudad, siempre y cuando se evite el abuso de que los ciclistas puedan circular por las aceras. O se regule mejor esa extravagancia.

Ahora bien, esta política municipal agresiva y novedosa, carece de un corolario que existe, admirablemente, en las ciudades nórdicas. Allí el sistema de transporte público es tan formidable que hay que ser bastante estúpido para ir en coche al centro. La red de tranvías y autobuses, así como la prodigiosa puntualidad de los vehículos, son más que encomiables. Pues bien, en este punto la ciudad de Valencia aún está lejos de tales estándares. Y eso es grave. Porque poner dificultades al tráfico de vehículos privados por el centro, no digamos cuando van ocupados por una sola persona, está muy bien; es una medida de progreso. Pero es imprescindible que esa política vaya acompañada de una clara mejoría del transporte público. Un reto que hay que abordar con toda la ambición y la energía si, de verdad, queremos ser una ciudad ejemplar en la movilidad de sus ciudadanos. Algo a lo que Valencia, por sus características urbanas, puede y debe aspirar.

Fotos

Vídeos