Es nuestro pero nos trae sin cuidado

FERRAN BELDA

A la concejala Pepita Ahumada Camps se la conocía en los ambientes vecinales antifranquistas como Pepita Macetas porque los jardines que prometía no superaban al final el tamaño de un tiesto. Yo tuve ocasión de presenciar la solemne inauguración del de la plaza de Joaquín Dualde desde el piso de estudiante en el que vivía y no me pareció pequeño. Me pareció extravagante, como la ceremonia que presidió el alcalde Miguel Ramón Izquierdo. No por el jardincillo en sí, sino por el hecho de que el consistorio otorgara carácter de acontecimiento al apaño de un rincón estando como estaba el resto de Marxalenes -¿o es Marjalenes?- en aquel tiempo.

El Parque Central está a años luz de las modestas inversiones que realizaba doña Pepita en jardinería. Pero mucho me temo que la primera fase, por lo menos, supere en verdor a sus 'macetas', ya que, o mucho me equivoco, o están haciendo un pan como unas tortas. Es tal la cantidad de construcciones y reconstrucciones que el Ayuntamiento ha amontonado en esa esquina de la hipotética zona verde que F. Pérez Puche se preguntaba semanas atrás de dónde habría sacado Demetrio Ribes el tiempo para levantar tanto bloque de ladrillo caravista. Fíjense hasta qué punto está quedando abigarrada esta teórica área de descongestión de Ruzafa que una compañera trató de averiguar el otro día si podría trasladarse allí el disparo de los castillos de fuegos artificiales de Fallas y en Valencia Parque Central no pudieron por menos que reconocerle que en este tramo no cabe una aguja más. Que quizá cuando se entierren las vías y la estación 'ad calendas graecas' quede una franja apta para este tipo de actividades. Pero que a corto y medio plazo, ni pensarlo. Y en el suelo residencial lucrativo que está en manos privadas o de Adif no merece la pena planteárselo porque, como es lógico, ambas partes tratarán de aprovechar al máximo la volumetría permitida a la menor oportunidad que se les presente.

De todos modos, lo más sorprendente de esta historia no es esto. Lo más llamativo es que este recargamiento del proyecto de Kathryn Gustafson ha sido posible sin que despertara la menor crítica. Sin que las voces que obligaron a Ricard Pérez Casado a modificar la urbanización clásica diseñada por Ricard Bofill para el viejo cauce del Turia se dejaran sentir. Mutismo total. Es como si la Comisión Pro-Cauce se hubiera jubilado y la ciudad hubiera agotado el ansia de dotarse de parterres libres de cemento en aquella batalla por un «riu nostre i verd», ya que el Salvem el Botànic tenía otras connotaciones. No hay más que ver en qué ha quedado aquella movida ecologista. Cuando se da la casualidad de que al lado de lo que se ha edificado en este olvidado cartabón de Renfe la Casa del Agua de Vetges Tu era una broma. Un detallito para romper la homogeneidad del bosque mediterráneo. Un mojón para situar al paseante.

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