Torrasevic

CÉSAR GAVELA

El parlamento catalán ha elegido como presidente de la Generalitat a un político cuyas opiniones publicadas en diversos medios de comunicación son nítidamente racistas, xenófobas y supremacistas. Y hay fundadas sospechas de que este individuo suscribe el ideario imperialista del catalanismo que pretende gobernar sobre las tierras valencianas, no digamos las baleáricas, tan obsequiosas hoy para con el expansionismo del norte.

El elegido es una especie de Slobodan Milosevic antes de que fuera el Milosevic que luego todos conocimos; el que desató la guerra étnica de los Balcanes. Estamos todavía en la fase previa. Y confiamos en que las cosas nunca pasen a mayores. Pero el discurso de Joaquim Torra ofrece pocas dudas: es la expresión del odio y la caverna secesionista. Estamos ante un político de la peor ultraderecha, un hombre que difunde monstruosidades, como bien hemos conocido a través de sus mensajes en las redes sociales. Estamos ante un discurso que es un completo disparate antidemocrático que nunca pudimos imaginar en el nacionalismo catalán, ya definitivamente unido a la sinrazón. Al menos por la parte de Torra y de las gentes que piensan como él. Ese es el fruto de cuarenta años de odio inoculado en las escuelas y en unos medios de comunicación públicos que el habitualmente desafortunado Pedro Sánchez vetó intervenir con motivo de la aplicación del 155.

Lo que dice Torra recuerda lo que decía Milosevic en 1990, en vísperas de la entonces no imaginada por nadie tragedia de los Balcanes. La guerra en la que murieron 200.000 personas y en la que se destruyó no solo la antigua Yugoslavia sino también la convivencia. Y así continúan las cosas en Bosnia-Herzegovina y en Kosovo: tierras arrasadas por la violencia. Regiones de pobreza y resentimiento.

El gobierno de la nación, apoyado por los tres grandes partidos constitucionales, tiene que preparar la respuesta a lo mucho y malo que se avecina. Hacerlo sin complejos. Cuentan para ello con la Constitución, la historia, la verdad y el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles. Y de la mayor parte de los catalanes, que son los que más sufren esta infamia que no cesa.

Lo que ya no se puede hacer es continuar con actitudes que, en realidad, solo encubren miedo, vanidad e incompetencia. Ya pasó el tiempo de la contemporización; estamos en el escenario del salvajismo verbal. Y pronto las provocaciones alcanzarán niveles delirantes y muy peligrosos. Lastimosamente no hay secesionistas moderados; solo anhelo de revancha y odio a España, a los españoles y a los catalanes que no son separatistas, y que son mayoría. Algo que a Torrasevic le importa un rábano. Porque el fanatismo es así. Porque lo que busca es destruir la convivencia aún mucho más de lo que ya está. Llegan tiempos muy duros, y Europa tiene que ayudarnos.

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