DÍA DE TOROS EN LA ALAMEDA

TEODORO LLORENTE FALCÓ

LA VALENCIA DE HACE UN SIGLO

Eran los tiempos del 'Guerra' y del 'Fuentes', del 'Espartero' y de los 'Bomba', cuando no había hecho aún su aparición el automóvil, o por lo menos no se había apoderado del coche de lujo, y el paseo de la Alameda no había sido aún asfaltado.

En aquellos tiempos disfrutaban de la fiesta taurina los que iban a la plaza y los que, sin ir, se situaban en la calle de Colón o iban a la Alameda, para presenciar los brillantes desfiles de coches y admirar la belleza de las valencianas, todas con su mantilla blanca y llevando prendidos en el pelo y el pecho su grupo de flores. Y ¡olé! Vaya derroche de alegría, de gracia, de distinción y de mujeres bonitas.

Las corridas de San Jaime, como entonces se llamaban a las tres que todos los años se celebraban durante la Feria de Julio, eran las preferidas para los desfiles. No se permitía entrar en la pista más que a los coches descubiertos. Nada de 'cucarachas'. ¡Y qué variedad de coches, desde la carretera hasta el pequeño tílburi! Los pabellones de la feria llenábanse de gente, y el de la Agricultura daba poco menos que un estallido. Eran verdaderas canastillas de 'flores'.

Al filo de las siete de la tarde aparecían los primeros coches. ¡Pero qué coches! Allí entraban don Luis Moróder, con sus cuatro jacas castañas, en su gran-piter, llevando al 'Bomba' o al 'Fuentes', envuelto el enganche en madroños y cascabeles, o don Fernando Ibáñez, con toda su prestancia señoril al lado del 'Guerra', ¡nada menos!, despertando la admiración de las gentes.

Entonces había verdadera afición taurófila y afición hípica. Los grandes señores gustaban lucir buenos caballos y lujosos coches, y en estos días de toros se presentaban en la Alameda, después de la corrida haciendo alarde de sus tiros y su destreza. ¡Porque podían!

Eran famosos los enganches de los señores marqués de Fuentes el Sol, conde de Creixell, Gaspar Dotres, marqués de Llanera, don Antonio Enríquez, marqués de Tremolar, viuda de Fontanals, conde de Villamar, Francisco Rubio, conde de Zanoni, Paco León, Jacinto Gil de Avalle, Pepe Berruezo, Bernardino Pallarés y, en los últimos tiempos, los de Pepe Gadea Vidal y el barón de Campo Olivar, que es hoy el único actuante de tiempos que, ¡ay!, ya pasaron.

¡Qué tardes aquéllas! La mantilla blanca y la de madroños, la peina de concha y el mantón de Manila extendido sobre la capota del coche, eran notas que vibraban por todas partes, y de los carruajes a los pabellones entablábanse reñidas luchas de serpentinas y confetti, que brillaban en el espacio, ofreciendo sus múltiples colores.

¡Y qué maestría en los conductores de coches! Recuérdase aún, entre los viejos aficionados de aquellos tiempos, que una tarde el domador José Bonancia (a) 'Joroba', guiando un tiro de cuatro caballos, en un alarde de pericia, quitaba los tirantes al tronco delantero y seguía llevándolo suelto, sólo con las riendas, sin descomponer el tiro.

Fotos

Vídeos