Tormentas secas, rayos latentes

Si no lo llegas a ver es difícil de creer o imaginar: una débil llama que consume un tronco lentamente y de pronto salta con el viento al herbazal cercano

VICENTE LLADRÓ

La primera vez que escuchamos hablar de tormentas secas y rayos dormidos fue de boca de Luis Font de Mora, que fue conseller de Agricultura con Lerma (entre 1983 y 1994) y tenía a su cargo la Unidad Forestal, herencia del ICONA transferido y embrión de la futura Conselleria de Medio Ambiente.

Font de Mora, que será objeto de próximo homenaje (12 de julio, 18 horas) en el Agromuseu de Vera, con motivo de la recopilación de los miles de artículos periodísticos agrario-forestales que publicó antes y después de ser conseller, sorprendió a los pipiolos periodistas que le preguntamos sobre las causas de un importante incendio de la época. Por aquel entonces aún no se estilaba decir eso de que «no se descarta la mano del hombre»; tampoco se había entrado en la era de 'apostar' o no sobre si un fuego era o dejaba de ser intencionado. Lo más habitual era dar por supuesto que las llamas empezaban por intereses económicos, intenciones criminales que nadie llegaba a esclarecer casi nunca, incluidas posibles acciones de 'potencias' enemigas, y desde luego negligencias variadas.

Pero no, aquella vez el conseller dijo claramente que había sido un rayo dormido (por entonces se gastaba más lo de dormido que lo de latente). Dos noches antes hubo profusión de tormentas secas en muchas comarcas valencianas, y el bueno de Luis nos explicó que por tal cosa se entendía la tormenta que no descarga agua, o apenas, pero despliega mucho aparato eléctrico.

El caso es que si no lo llegas a ver cuesta de creer, incluso de imaginar. El asunto sigue más o menos de esta forma: entre tantos cientos, o miles, de rayos nube-nube, nube-tierra, uno va y acierta a dar sobre un árbol. En ocasiones se inicia directamente el incendio y los servicios de vigilancia, que andan atentos y sobre aviso, captan el humo y acuden a apagar las llamas.

Sin embargo, otras veces apenas hay llama ni humo visible. De momento. A raíz del impacto certero del rayo, ha prendido un fuego casi imperceptible en la madera medio corroída del interior del tronco, y así permanece durante horas, incluso días. La débil llama que nadie adivina va quemando lentamente, y hasta es posible que allí mismo se acabe extinguiendo, una vez consumido lo que puede quemar.

Pero aquello es una bomba potencial que estalla si sopla de pronto un fuerte viento cálido que seca hasta el extremo el ambiente, aviva la llama y facilita que salte hasta el herbazal cercano. El rayo dormido ha despertado y el desastre cabalga imparable.

Hemos visto algarrobos y olivos centenarios que se han quemado por entero en medio de bancales labrados. Rayos incendiarios, sin duda. Pero la llama no pudo quemar otra cosa, no había qué alrededor, la tierra cultivada hizo de cortafuegos, y tuvo que conformarse con consumir hasta las raíces enterradas, dejando tremendos hoyos que no te explicas, si no sabes lo del rayo. Dormido o latente.

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