ESTAMOS TOCADOS POR UNA VARITA

FERNANDO GÓMEZ

Cuando se celebró el sorteo de los cuartos de final de la Copa del Rey, extrajimos como primera conclusión unas prácticamente aseguradas enormes semifinales. Todo clarísimo: Atlético, Valencia, Real Madrid y Barcelona serían las bolas con las que se configurarían esas eliminatorias previas a la gran final.

No contábamos con la repercusión e influencia que un mal partido, uno sólo, puede tener para el equipo que lo experimente. Un resultado negativo en alguno de los encuentros, da igual si es ida o vuelta en la eliminatoria, te puede apear de la competición, independientemente de quién sea el rival o del mayor o menor favoritismo de los contendientes.

Y comenzó el Sevilla. Ganó en el Wanda Metropolitano, complicando muchísimo el pase a los colchoneros. Como así fue finalmente según se vio en el encuentro del martes en el Pizjuán. Los andaluces hicieron valer el resultado de la ida, y evitaron de forma consistente la remontada visitante. Sí, la de los favoritos.

Al Valencia también le pudo pasar. El equipo de Marcelino hizo una mala primera parte en Mestalla. El Alavés no remató y aún así se adelantó en el marcador. Los locales empataron tras un imperdonable error de Sivera, expulsaron a un jugador visitante, y Rodrigo marcó el 2-1, gol y resultado que no hacía justicia a lo acontecido y merecido por ambos conjuntos.

Pero los valencianistas viajaron a Vitoria, favoritos al fin y al cabo, y a pesar del resultado en la ida, y no haciendo un buen partido, lo sacaron adelante en la tan incierta tanda de penaltis. Estamos tocados por una varita, amigos, y eso puede hacernos llegar lejos, al menos en esta competición, ya que la Liga, y por muy bien que se está haciendo, parece del Barcelona, sí o sí. Sorpresón sería que no fuese así.

Y en nuestro caso, no fue un mal partido el que pudo dejarnos fuera, es que ni dos encuentros malos nos sacaron de la copa. Ahora es cuando te preguntas si el fútbol ha sido justo con un equipo, el vitoriano, que queda eliminado después de lo que propuso, después de lo que compitió y después de lo que plasmó sobre el terreno de juego. Poniéndose por delante en los dos partidos, acabando por delante en el que resolvía la eliminatoria, y saliendo derrotado tras los penaltis.

No cabe duda, en casa del pobre dura poco la alegría. Y nosotros, aún confirmando los problemas que nos hacen defender peor y la escasa creación de juego en bastantes momentos de los encuentros, seguimos acumulando éxitos que nos hacen tener más ilusión. Justo no, pero nos gusta.

No es el Valencia que más nos atrae, salvo que obviemos todos lo demás si sólo pensamos en los resultados. Los más puristas, si los independizaran, criticarían la fragilidad defensiva, la cantidad de goles que este equipo de Marcelino encaja. Y eso no parece ser lo que se esperaba.

En fin, también cayó el Real Madrid en la Copa, y el bombo nos será favorable. O eso espero tras comprobar cómo nos acompaña la suerte.

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