Tinc fàstic

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

«No tinc por, no; tinc fàstic». Sería la adaptación local de un sentimiento compartido parafraseando la pancarta que se lució en el ayuntamiento de Valencia con motivo de la manifestación del sábado. La del consistorio lucía, como sabemos, un error en la colocación de la barra de separación -'No tinc por no/tengo miedo'- que dio lugar a bromas y chascarrillos. En ésta, sin embargo, aparecería la coma preceptiva y sin traducción al castellano para que lo entiendan bien quienes siguen empeñados en lograr la ruptura con España.

Decían algunas voces, tras 'la previa' del 11-S, que algunos ya han roto con España porque no se sienten parte de ella. Desgraciadamente, ocurre también al contrario. Hay muchos hartos ya del desprecio hacia su tierra, hacia sus señas de identidad y hacia ellos mismos. Tanto que, si pudieran, saldrían a la calle con esa pancarta 'tinc fàstic'. Es cierto que hay catalanes que no se sienten españoles pero también que 'el procés' y la forma como se está desarrollando provoca la ruptura emocional con Cataluña. Hay españoles que nunca se han sentido involucrados en la guerra de banderas; que sienten a Cataluña como una parte preciosa y esencial de su país y que, sin embargo, se sienten atacados constantemente sin culpa alguna. Esa ruptura emocional tiene peor solución que la legal. El artículo 155 de la Constitución podrá frenar la independencia pero no curar los sentimientos de lejanía, de animadversión y de asco hacia 'los otros'. Es la consecuencia menos medida, menos advertida y más grave de todo lo que estamos viviendo, porque es una semilla de inquina que va creciendo. Es el caldo de cultivo para los enfrentamientos fratricidas. Nadie ataca al vecino con el que lleva décadas conviviendo si no cree que es el origen de todos sus males. Y en eso se empeñan algunos.

Fotos

Vídeos