Tiempo de reflexión

JOSÉ-ANTONIO BURRIEL

Estamos en Semana Santa. Para los creyentes, tiempo para la reflexión compatible con presenciar las procesiones. Para todos los ciudadanos -al menos para aquellos que puedan disfrutar de unos días de vacación- también tiempo de reflexión, tiempo compatible con el descanso. En primer lugar, reflexionar sobre la atención a los hijos. Puede quedar poco tiempo para estar junto a ellos, para asumir la responsabilidad de su educación. Queda poco tiempo, que además muchos suelen acortar todavía más por su dejadez en el cumplimiento de sus responsabilidades paternas, todo hay que decirlo. Una reflexión que implica jugar con los hijos menores y escuchar a todos, interesándose de sus preocupaciones, de sus metas, de sus problemas. Si hay empatía, resulta más sencillo el consejo, la compañía en su andar por la vida. Días vacacionales que son tiempo para el ocio y el descanso, pero también para repensar lo que se hace y lo que se quiere hacer. Y, por descontado, es tiempo de meterse con los más jóvenes en su burbuja, en la realidad en la que viven, es decir, en las redes sociales.

Y, asimismo, es tiempo para reflexionar sobre las relaciones personales, sobre el dialogo necesario con los más allegados, también con los compañeros de trabajo. Insisto, el día a día impide la necesaria reflexión sobre la conducta; en ocasiones, el cansancio y las prisas y urgencias acalla el sentido común y la prudencia. Una mirada sobre lo que estamos haciendo nos puede, y debe, ayudar a rectificar si es preciso, a enderezar el rumbo, a recuperar nuestra vida. Tenemos por delante un tiempo precioso para tener en nuestra manos nuestra propia vida. Descanso y ocio, sí, pero también la reflexión necesaria para que no vivamos a golpe de las urgencias ni a merced de los vientos que soplan desde las redes sociales.

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