El tercer espacio

JUAN CARLOS VILORIA

Si no perteneces a las mayorías dominantes y tampoco estás encuadrado en alguna de las docenas de minorías influyentes que componen el ecosistema social, no eres nadie. Ni eres nacionalista, ni perteneces a un partido, ni estás afiliado a UGT, ELA o CC OO. Tampoco eres ateo diletante, ni laicista practicante. Ni inmigrante en-busca-de-una-vida-mejor. Ni socio del Real o del Barça. Ni ves la tres, la cinco o la uno, porque eres 'outsider' de la tele. Ni tienes un Hyundai o un Seat León. Ni ganas mucho, ni cobras la renta de garantía. Ni estás en plantilla. En estos supuestos no tienes nada que hacer. La clase dominante, los políticos profesionales no te dedicarán ni un minuto. Solo tienen ojos para las mayorías o para las minorías. Autónomos, indecisos, o abstencionistas, individuos perdidos en la jungla social, siempre han quedado aparcados en el arcén de la política. La izquierda le hace la danza del vientre a los sindicatos y enloquece para complacer a los empleados públicos, con especial dedicación al sector de la enseñanza y la salud. Aunque su caladero electoral preferido es el sexo femenino. Aparte de eso se identifica con causas más o menos minoritarias o incluso exóticas. Si perteneces a alguna onegé que recauda fondos para la lucha contra la malaria estarás en el radar de la izquierda. Los que colaboran con las asociaciones de beneficencia tradicionales como Cáritas o Cruz Roja son transparentes para los medios, los políticos y la opinión. Hay que ser de Mensajeros de la Paz. El padre Angel, que es un lince, sabía desde un principio con quien tenía que hacerse la foto. La derecha se ocupa de sí misma y de engrasar sus relaciones con otras 'minorías': empresarios y funcionarios de nivel 25. Como vive acomplejada dedica también mucha energía a camuflarse y a copiar con retraso las políticas progres. Pero empieza a borbotear la 'no mayoría'. La que no es activista, ni quiere protagonismo político, ni salir en la foto, ni colocarse para lograr subvenciones. Solo quiere que le dejen en paz y le dejen trabajar. El tercer espacio. Los que no tienen estatus. Ni de funcionarios, ni sindicalistas, ni derecha de toda la vida. Los que no contaban. Será por agotamiento de las fórmulas clásicas. O por el nuevo tiempo que surge después de la tormenta, pero el laboratorio político que ha supuesto la batidora catalana ha movilizado a los no activistas. A los que no habían depositado sus esperanzas en la política. Han ganado las elecciones los transparentes, los autónomos, los secundarios de la sociedad. Ni mayorías aplastantes ni minorías exóticas. Simplemente ciudadanos. Los de Rivera y Arrimadas han sabido poner el cesto para recoger la cosecha y ademas saben que el futuro del mercado laboral está en los autónomos que siempre han pasado de política. Atención a la pantalla. Pueden acabar mandando los que nunca quisieron mandar.

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