Tensión a la desesperada

Los patrocinadores de la movida política que vive Cataluña aprietan en la calle en busca de una víctima

CURRI VALENZUELA

Ni siquiera la mayoría de los catalanes piensan que su independencia está a la vuelta de la esquina. Aunque esto no lo confiesan en los sondeos, es probable que tampoco lo deseen. Pero los patrocinadores de la movida política que vive Cataluña aprietan para tensar la cuerda en la calle. Buscan alguna víctima. Si pudiera ser que uno de los suyos fuera agredido por un guardia civil sería la bomba, el no va más. La única salida que tienen Puigdemont y Forcadell es entrar en la cárcel en olor de multitud para disimular su fracaso.

Enfrente, Gobierno, PSOE y Ciudadanos, aparcadas sus diferencias, lo que quiere decir que Pedro Sánchez ha tenido que tragarse el sapo de apoyar a Rajoy porque no le quedaba más remedio. Su misión en las tres semanas que quedan para el 1-0 es doblemente difícil: impedir que se celebre el referéndum y lograrlo sin recurrir a métodos violentos. Y, encima, ponerse a pensar cómo administran su victoria el día 2 de octubre.

La escalada de tensión dirigida a la violencia la vimos ayer en la celebración de la Diada. A los secesionistas no les vale con salir a la calle por cientos de miles para reclamar la independencia de Cataluña. Ya lo han hecho antes varias veces, con resultado cero. Necesitan que sus masas se movilicen, indignadas, desesperadas, para acudir a votar el uno de octubre. Y para provocar la indignación nada les vendría mejor que un altercado con las fuerzas de seguridad españolas, los Mossos no valen. Lo están intentando y van a seguir con ello en los próximos días.

A estas alturas de la movida ya está claro que no va a haber referéndum. Es posible que en algunos lugares se coloquen urnas, quizás en las sedes de los partidos convocantes y seguro que en los ayuntamientos regidos por estos, que son los de la Cataluña rural. Pero para poder celebrar que han ganado sus patrocinadores necesitan demostrar al resto de España, y del mundo, que se ha votado en urnas precintadas, con un censo válido, un recuento imparcial y, en fin, unas condiciones que nada tienen que ver con esas recomendaciones de que la gente se imprima en sus casas su propia papeleta. Proclamar la independencia a partir de una victoria conseguida de ese modo sería un ridículo mundial.

En el Gobierno, con el apoyo de los partidos que respetan la Constitucion, son conscientes de que tienen que mantener la legalidad e impedir el referéndum, pero sin perder la sangre fría. A muchos de sus votantes les molestó la pasiva actitud de los políticos que se dejaron insultar, junto al Rey, en la manifestación tras los atentados, pero ese mismo espíritu de aguantar el tipo es el que siguen practicando frente a las nuevas provocaciones de quienes buscan una víctima para calentar la campaña del referéndum. De momento, Rajoy sigue jugando la carta de la ofensiva judicial. Si tiene que llegar a más, y aplicar alguna de las leyes de excepción o enviar a la Guardia Civil, dependerá de la tensión que emplee la parte contraria.

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