TEMPLANZA Y REFLEJOS

MIKEL PAGOLA ERVITI

El disparo de ayer empezó, muy canónicamente, con una larga traca valenciana que avanzó hasta la mitad de la verja del lado del Ayuntamiento. Muy bien. Y después, evidentemente, debían entrar los principios aéreos en el lado norte, como es habitual. Pero en lugar de ello, comenzó a arder el terremoto en mitad de la plaza. Es decir, empezó el final terrestre: el punto álgido de la mascletá, la última parte de cuerdas. Era la primera disparà que diseñaba completamente María José Bárbara Lora Zamorano, 'Majo'. Había separado cada parte, por seguridad suya, para que tuviera igniciones diferentes de forma que pudiera controlar completamente el fuego. Eso le dio el problema pero, a la vez, le salvó. La consola electrónica con la que disparó, tuvo un error de programación: alterado el orden de encendido, salió el final cuando no debía. Eso ha pasado en las mejores familias del sector. Lo difícil, en un espectáculo tan técnico y rápido, es tener los reflejos y la sangre fría suficientes para poder maniobrar en medio de la humareda y el hermoso caos sonoro que es este espectáculo. Pues en caliente y en pleno disgusto y llorando por írsele el terremoto antes de tiempo, Majo tuvo la templanza de serenarse, coger el toro por los cuernos y, aunque ya lo había estocado, primero dejarlo morir del todo y, después, comenzar el toreo del resto de la mascletá en el orden que tenía previsto pero alterando los tiempos para que no se notase la obligada reordenación in situ. Y eso lo hizo sin que en ningún momento se percibiese ninguna fisura en la estructura del espectáculo. Porque lo que Majo traía era un mascletón de madre y muy señora mía, y todo con espoletas, descargas y humos morados. Y, siendo capaz de adelantar sobre la marcha, a dedo, apenas tres segundos el apantallado final aéreo, inmenso, que hacía de bombardeo, logró que este se convirtiera en un segundo 'terratrèmol' pero esta vez 'aeri' (concepto que no existe). Los digitales que hizo tanto antes (una monada) como en este último cierre rubricado, fueron buenísimos. Y el golpe final anillando la plaza con 'estáticos' (truenos terrestres) y golpe aéreo, lo zanjaron todo con una potencia y redondez absolutas.

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