NO TEMA A LOS ROBOTS

NO TEMA  A LOS ROBOTS

Mejor que nos esforcemos en formar a nuestra gente para que en vez de picar, programe

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El asunto del empleo sigue de total actualidad. Esta semana, pudimos leer en estas mismas páginas un titular impactante. Un estudio elaborado por PwC, titulado, '¿Robarán los robots nuestros empleos?' alertaba de que un tercio de los actuales estarán en peligro en 2030 debido a la automatización de procesos. Supongamos que es cierto. ¿Es también, de verdad, alarmante? Pues a mí no me lo parece y ya sabe que soy un cenizo y un pusilánime. Trataré de explicarme, si aguanta unas líneas más.

Primero, la experiencia demuestra que desde el Apocalipsis hasta nuestros días, pasando por Thomas Robert Malthus (uno de los primeros economistas que pasó a la historia por predecir que esto se terminaba al crecer la población a mayor velocidad que la provisión de alimentos) todos los agoreros se han equivocado y todas las agonías anunciadas han resultado falsas. Y eso es así porque este tipo de análisis proyectan al futuro la situación del presente, sin considerar, porque lo desconocen, los avances tecnológicos que surgirán en ese próximo futuro supuestamente aterrador. La capacidad de adaptación del ser humano y nuestra inventiva nos han permitido sobrevivir durante millones de años y no hay razones para sospechar y temer que nos vaya a abandonar en los próximos 15 minutos.

¿Destruirán los robots muchos puestos de trabajo? seguro que sí. Pero destruirán algunos de los trabajos más penosos y a cambio crearán otros mucho más sofisticados, menos duros y con mejores salarios. A nivel general no se puede dudar de esto. Donde aparecen los problemas es a nivel particular. Es decir, el puesto de un minero que taladra una veta de carbón a mil metros de profundidad, con poca luz y mucho calor, puede ya y podrá más aún ser sustituido por un robot, mientras que en las oficinas de arriba y en las fábricas de al lado, alguien tendrá que fabricar, programar y vigilar a ese robot.

Es más que posible que el minero que pica abajo sea incapaz de reciclarse y convertirse en programador arriba y también lo es que el saldo total de mineros que pierdan su trabajo supere al de programadores que lo encuentren. El primer problema es de muy difícil solución, sobre todo a partir de determinadas edades y sólo se podrá paliar con la solidaridad social, mediante la aplicación de ayudas públicas. Pero el segundo sigue sin plantear problemas definitivos.

Los empleos que globalmente se reduzcan en la industria podrán se absorbidos por los que se creen en los servicios conexos y, ya verá, en los servicios públicos que son por definición inagotables. Hoy en día trabaja mucha menos gente en las industrias, sobre todo en las pesadas, que hace cien años, pero hay muchísimos más empleos en la sanidad, la educación, la asistencia social y en la propia Administración. Podemos tener un médico por cada mil habitantes o uno por cada diez, que se pase la vida comprobando nuestras deterioradas constantes vitales.

La tecnología, al descubrir la rueda, destruyó los empleos de quienes empujaban los bloques para construir las pirámides. Luego, la máquina de vapor destruyó millones más de empleos y la electricidad ha terminado con otros muchos millones más, en especial los más penosos. Si hubiera podido ¿habría usted impedido el invento de la rueda, hubiese asesinado a James Watt cuando era un niño, hubiese atropellado al salir del colegio a Thomas Alba Edison para evitar el uso generalizado de la electricidad? Seguro que no. Pues eso, no entorpezcamos el desarrollo de los robots por el miedo que nos provoca la segura destrucción de empleos que causarán.

Mucho mejor es que nos esforcemos en formar a nuestra gente para que en vez de picar, programe. Y mucho mejor que nos dediquemos a desarrollar una economía fuerte, que vendiendo muchos robots nos permita tener más médicos y maestros y ayudar a quienes no puedan seguir el ritmo del progreso. Pero, concentrémonos en eso, no en poner puertas al campo ni en tratar de evitar lo inevitable. Que además es conveniente.

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