Las telecomunicaciones necesitan mujeres

En el siglo XXI, en plena era de la tecnología y con la modernidad desbordando por todas partes, es un hecho que en las universidades españolas son pocas las mujeres que se inclinan por carreras técnicas. En ciencias y matemáticas las mujeres representan el 30% y en ingeniería son el 25% en el mejor de los casos. La escasez de mujeres en Ingeniería de Telecomunicación es especialmente acusada, ya que sólo dos de cada 10 estudiantes es mujer. Las disciplinas STEM y el sector tecnológico muestran una brecha de género evidente.

Pero, ¿por qué, ocurre esto cuando el sector necesita titulados y ofrece grandes oportunidades laborales?

Sería conveniente hacer una reflexión para entender por qué de unos años a esta parte se ha producido un retroceso en la incorporación de las mujeres al sector tecnológico. Deberíamos analizar si este rechazo manifiesto de la mujer hacia el mundo de la ingeniería puede estar relacionado en parte, con no haber sido capaces de establecer una clara conexión entre las telecomunicaciones, sus aplicaciones y los beneficios sociales que las tecnologías aportan a nuestro día a día y por tanto a nuestra calidad de vida.

No olvidemos que los estereotipos tradicionales están relacionados directamente con la predisposición biológica de las mujeres a ser más «emocionales» y la de los hombres a ser más «lógicos». Es posible que dichos estereotipos, adquiridos a través de la socialización, estén sesgados y hombres y mujeres aprendan (desde edades muy tempranas) a asumir diferentes capacidades, intereses, roles y metas como decisión propia.

Recientemente han surgido iniciativas para entender esta reticencia. Entre ellas la del secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital, José María Lassalle, que anunció la creación de una mesa de trabajo para abordar la brecha de género en el ámbito tecnológico tras reunirse con las principales asociaciones de mujeres del sector.

Los objetivos de dicha mesa, que incluirá las voces de representantes de las instituciones y de la sociedad, serán solucionar la escasa matriculación de mujeres en estudios tecnológicos y aumentar su presencia en puestos de trabajo en este ámbito.

Entre los datos que se barajan se sabe que en la actualidad tan solo el 25% de mujeres está cursando estudios universitarios relacionados con las tecnologías y que apenas el 4% de las mujeres en los Consejos de Administración son ejecutivas, cifra bastante alejada del 30% recomendado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Aportar referentes femeninos al sector tecnológico para facilitar el acceso a las futuras generaciones y romper el «techo de cristal» dentro de las organizaciones incrementaría la diversidad en la organización, en los espacios de toma de decisiones y multiplicaría el talento potencial de las empresas y aumentaría su competitividad.

Debemos centrarnos en buscar soluciones. Comprobar lo que funciona y lo que no. Sin olvidar que la tecnología es universal, todos la usamos. Una sociedad avanzada no puede prescindir del 50% de la innovación, del talento y de la creatividad. La diversidad de género aporta diferencia de estilos de liderazgo y de comunicación interpersonal.

Las telecomunicaciones necesitan mujeres cualificadas que aporten puntos de vista distintos. Si conseguimos que haya más mujeres emprendedoras y líderes tecnológicas el sector TIC se verá beneficiado sin duda.

Mientras tanto y algo que no podemos olvidar es que debemos educar en igualdad e inculcar confianza en las niñas desde una edad temprana mostrándoles su propio potencial y capacidad. Tenemos que responsabilizarnos de favorecer un contexto social y educativo en el que las niñas se vean animadas, capaces y reconocidas para que puedan elegir su futuro sin condicionamientos.

La idea es hacer lo que esté en nuestra mano para que haya más mujeres Ingenieras de Telecomunicación y centrar iniciativas en la educación para que no se dé por asumido que hay algunas carreras que son para hombres y otras para mujeres, sino que se trate de una elección propia según las preferencias de cada persona.

En los próximos años, la revolución tecnológica que tenemos por delante va a provocar una gran transformación digital de la empresa, la administración pública y la sociedad. Una revolución en la que las mujeres tenemos que ser protagonistas porque afectará completamente a nuestra vida cotidiana.

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