Tampoco lo descarto

Fuego amigo

J. C. Ferriol
J. C. FERRIOLValencia

Muletas, muletillas, capotes y monteras. El discurso del político común se compone muchas más veces de latiguillos y frases hechas que de ideas propias. Cuento con los dedos de una mano a los parlamentarios valencianos capaces de hilvanar un discurso propio sin tener que caer en el argumentario recién salido del horno que remite la dirección de su partido. La mayoría de las veces, hablamos de cargos que han sabido sobrevivir gracias a abrazarse al poder de turno en su partido o a intuir por donde iría la nueva correlación de fuerzas orgánicas, más que de gestores que hayan destacado por su ingenio o a parlamentarios capaces de sostener una propuesta desde la tribuna sin leer quince folios. Una de las muletillas más escuchadas es esa que, con alguna colaboración de la prensa, permite a algunos políticos decir sin decir. «No lo descarto» es la nueva triquiñuela para plantear algo que, o bien no te atreves a decir, o únicamente pretendes utilizar para que se te tenga en cuenta. No descartar algo es tan comprometedor como no decir nada. No lo descarto porque aun no sé qué haré. O no lo descarto para que, si un día lo acabo haciendo, que no me digan que no lo avisé. Jorge Rodríguez ha dicho que no descarta optar a la presidencia provincial del PSPV de Valencia. Y es cierto. El presidente de la Diputación anda lápiz en mano contando los apoyos con los que contaría para tratar de suceder en el cargo a José Luis Ábalos. Reunión con Ximo Puig, llamadas a alcaldes cercanos, contactos con los referentes comarcales... Rodríguez le ha visto las orejas al lobo al caer en la cuenta de que, si no logra el puesto, habrá perdido una guerra sin siquiera haber comparecido en el campo de batalla. De manera que, a lo que parece, está decidido a presentarse. Aunque no quede claro si eso es mejor o peor. El alcalde de Ontinyent podría ganar en unas primarias a Mercedes Caballero, pero de hacerlo, se regalaría un enemigo: el secretario federal de Organización del PSOE. También podría perder frente a la diputada autonómica, y en ese caso, no sólo quedaría desautorizado sino que su derrota se interpretaría en clave de ese equilibrio de poder entre Puig y Sánchez, con derrota para el primero -incluso aunque no le guste ni un pelo las maneras de desenvolverse y la ambición del presidente de la Diputación-. De forma que se trata de susto o muerte. Mal si no se presenta y quien sabe si peor si lo hace. Rodríguez dijo querer ser el candidato del consenso, pero se olvidó de que detrás de esa otra muletilla había que hablar, llegar a acuerdos, estar dispuesto a ceder y no embarcarse en una batalla de incierto resultado. No es descartable, ni mucho menos, que Rodríguez acabe presentándose. Lo que sí se puede descartar es que, de esa batalla, el PSPV pueda salir más unido.

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