TÁCTICOS Y ROMÁNTICOS

Burguera
BURGUERAValencia

Después de que Cortázar diferenciase entre cronopios, famas y esperanzas, lo demás es poca cosa. Consciente de la insignificancia de mi aportación, confieso que cuando escucho a los políticos revivo 'Maridos y mujeres', la escena donde Allen le roba a Isaiah Berlin la división entre erizos y zorros. Prefiero separarlos entre tácticos y románticos según cómo modulan el discurso en función de lo conveniente, oportuno y necesario... para ellos, para su partido o para la sociedad. No hay pureza romántica ni táctica, obviamente, pero sí hay más acento de un lado u otro, algo que cambia en función de si es lunes o viernes, sí, pero que, la suma de discursos, de lunes y de viernes, permite observar cómo el tacticismo puede sucumbir frente al romanticismo. Gente como Isabel Bonig o Eva Ortiz (PP), Manolo Mata o Ana Barceló (PSPV) Mireia Mollà o Josep Nadal (Compromís), Antonio Montiel o César Jiménez (Podemos), el disidente Alexis Marí o el ciudadano Subiela, un día, a veces sin querer y otras sin querer evitarlo, dicen lo que piensan en Les Corts. Mítica es la pareja formada por Mata y su asesora Carla, esa 'buena periodista buena' que cuando ve a su síndic coger la (romántica) directa gesticula y hierve desde las sillas de atrás exigiendo que corte, que se calle... y no se calla ese man. Ese día es fiesta mayor para los periodistas (menos para Carla, claro). A veces el romanticismo aflora en Bonig... o en otro... y los titulares son felices, y los militantes ortodoxos se reconocen y los votos indecisos lloran. Para el elector variable nació la táctica variable, esa que manda en el verbo político. Partidos como el PP y Compromís es donde más románticos quedan. Podemos aún no pasó la prueba del sillón. Cuando tengan mucho que perder, veremos. Por eso me apenó que Julià Àlvaro causase baja en el Consell. Decía Martín Prieto que, al frente de la sección de Internacional, nunca fue tan feliz como cuando varios papas murieron en el plazo de muy pocos meses. Gente como Àlvaro son un seguro de vida para la prensa, al margen de si se está más o menos de acuerdo con él. Algo similar pasa con Nomdedéu. También ocurría con Oltra, que poco a poco muta. La parte táctica de la vicepresidenta (que ya tenía, que todos tenemos) se apodera de su veta romántica, esa que en su día le permitió soltar que lo mejor para Cataluña era aplazar el referéndum del 1-O. Le llovieron de canto. El tacticismo es poderoso y el poder adora la táctica. Compromís se despoja de los Àlvaro con la(s) esperanza(s) de que la(s) fama(s) le otorgue(n) más votos, mientras los cronopios en peligro de extinción ocupan las sillas de atrás, aún más atrás que Carla, pintando una golondrina con su caja de tizas de colores sobre la redonda pizarra de una tortuga.

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