Los suyos les relegan a la 3ª División

FERRAN BELDA

La publicación de la penosa impresión que extrajo el entonces secretario de Hacienda catalán Lluís Salvadó de la entrevista que mantuvo con su colega valenciana Clara Ferrando (Compromís) me ha hecho recordar una historia que no trascendió en su momento. Un sucedido político que muy bien podría haber figurado en el rosario de extravagancias autoritarias desgranado por Gª Márquez al recibir el premio Nobel. Tras inaugurar los reconstruidos talleres de HoSoJu en Aldaia y zamparse una paella en un restaurante de la playa, la esposa del presidente del Gobierno Ana Botella hizo a sus compañeros de mesa una propuesta que no pudieron rechazar: «Nos lo estamos pasando tan bien que me sabe mal dejaros. ¡Acompañadme a Madrid y seguimos charlando en el viaje!» Y allá que se fueron, para no quedar mal, las tres máximas autoridades de la Comunidad Valenciana: El presidente de la Generalidad Zaplana, la alcaldesa Barberá y el delegado del Gobierno Carlos G. Cepeda. Todos en el coche de 'Relaxing Cup'. Ja, ja, ji, ji camino de Contreras, donde fuera porque la presidenta consorte ya se había divertido bastante o por lo que fuese se apearon y volvieron a Valencia en los vehículos oficiales que les seguían. No ha trascendido qué versión dio la Señora a su augusto esposo de esta etapa de su periplo valenciano. Sí hemos tenido oportunidad de conocer, en cambio, qué fue contando por Barcelona el supremacista Salvadó de su visita pastoral a Valencia. Y no sé qué es peor, que todo el poder valenciano se prestara a ejercer de dama de compañía de la 1ª ídem española el 27 de mayo de 1999. O que un convergente del tres al cuarto vaya largando que «los valencianos juegan en Tercera División»; no como el pueblo elegido, que lo hace «en Primera». Y ni siquiera quienes alimentaron en él esta creencia, Ferrando y su jefe, el conseller Vicent Soler, se atrevan a contradecirle. En parte por el complejo de inferioridad que aflora en las demás observaciones que hace Salvadó. Y en parte por el entreguismo latente en los catalanistas locales. Una rendida admiración por todo cuanto emana de Cataluña que les conduce, una vez en el poder, a querer imitar al pujolismo hasta en los aspectos más inconvenientes o sangrantes, como es el impositivo. Y ni aun así aprueban el examen de Salvadó: «Llevan toda una legislatura para hacer un impuesto [cuando] nosotros hacemos cuatro cada año». De lo que se deduce que no saben ni copiar, en opinión de este bocas pillado en falta. En su descargo añadiré para acabar que los nuestros no son los únicos nacionalistas en acudir al 'rincón del vago' catalán para no tener que discurrir. Durante la negociación del Estatuto de Guernica, el ministro Alberto Oliart se encontró con que el PNV reclamaba para Vitoria las competencias sobre los lagos y lagunas. «¡Pero si no hay en el País Vasco!», exclamó. «No importa, por si surgen», le replicó uno de los copiones sin inmutarse.

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