DE SUEÑOS Y FRACASOS

Cap i casal

La Marina de Valencia y el nuevo Mestalla cumplen diez años sin conseguir salir de la paralización para que sean una realidad

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Los 30 días de las vacaciones han pasado en un suspiro, lo mismo que los diez años desde que Ernesto Bertarelli alzó la Jarra de las Cien Guineas en la Marina de Valencia, después de su previsible victoria en una Copa América de vela disputada a mayor gloria del Alinghi y la máquina suiza de hacer dinero que se había adueñado tres años antes de la dársena. El negocio fue para ellos, claro.

Eran tiempos en los que había que pasar por un arco de seguridad para entrar en la Marina y te llamaban la atención por ir sin camiseta pese a un calor asfixiante que sólo podía calmarse en unos bares que pagaban unos alquileres descomunales. Tiempos de exceso de glamur, en los que corrió demasiado el champán, los suizos mandaban demasiado, el Ayuntamiento dejó hacer y el Gobierno de Zapatero miró a otro lado, cuando no se dedicaba a torpedear las escasas iniciativas al considerar las regatas un evento privado, un asunto de ricos.

Es fácil hablar ahora de todo esto, señalar con el dedo y culpar a los demás. El exalcalde Ricard Pérez Casado se lamentaba recientemente de que no hubo un plan de negocio para la dársena posterior a las regatas. ¿Impulsó alguno el Gobierno, que él representó como comisionado? Es mejor pasar página porque tenemos fresca en la memoria las promesas incumplidas que llegaban desde Madrid mientras Rita Barberá debía pedir un préstamo para reformar la avenida del Puerto y algunas obras más.

Por eso es mejor centrarse en el presente, en ese consejo rector que debe aprobar la puesta en marcha definitiva de la Marina y que no acaba de llegar. Se ha hablado hasta la saciedad de la ampliación de amarres y del nuevo varadero hasta la saciedad, lo mismo que de la necesidad de reurbanizar el perímetro de la dársena para que deje de parecer un mero aparcamiento de coches. Lo que debía estar acordado este verano se deja ahora para septiembre, lo mismo que el futuro Museo del Mar.

Demasiados deberes pendientes para una de las escasas zonas de futuro del cap i casal. Al menos eso es lo que dicen muchos siguiendo el camino marcado por Juan Roig, quien apostó por este lugar para sus proyectos de formación y apoyo a nuevos empresarios. No entiendo que todo se ralentice hasta el punto de plantarnos en la mitad del mandato con tan poco hecho.

Pero así es la Administración que nos ha tocado y prueba de ello son los dos años que han pasado para que la Generalitat apruebe el concurso de ideas del que saldrá el proyecto de reforma del entorno del Mercado Central y la Lonja. Y es sólo el comienzo, dado que hasta finales de año no se hará la primera selección de propuestas y cuando acabe todo el proceso, el Ayuntamiento todavía debe encargar la obra. Vamos, que ni la Gran Muralla.

Mientras aguantaremos unas calles que desmerecen a los monumentos, repletas de actividades impropias, escasa vigilancia policial y fincas que esperan una rehabilitación desde hace lustros. Igual que ocurre con la Marina, ha pasado el tiempo de repartir culpas, de acordarnos de que el plan director de la Lonja incluyó hace más de una década recomendaciones para el tráfico, las calles peatonales e incluso el arbolado. La pregunta es cuánto va a tardar el Ayuntamiento en abrir el aparcamiento de la plaza de Brujas. Sin ese equipamiento, los comerciantes del mercado no apoyarán todo lo demás. Y su adhesión es indispensable para facilitar todo lo demás.

Al repasar me encuentro que también es el décimo aniversario del inicio de las obras del nuevo Mestalla, símbolo del disparate, de un proyecto faraónico inacabado por el pecado del exceso, del afán de diseñar un campo totalmente fuera de escala para Valencia. Recuerdo el enorme agujero, las quejas de los vecinos por la promesa incumplida del polideportivo y las primeras dudas surgidas por los previsibles atascos en la avenida Cortes Valencianas, con ideas tan peregrinas como poner en marcha autobuses lanzadera desde otros accesos de la ciudad, sin decir por supuesto quién pagaría la gasolina.

Dicen que Peter Lim tiene ya el proyecto reformado, más modesto, y que lo guarda a la espera de que lleguen mejores tiempos para su economía y la del club. Cuando se haga, confío en que los responsables se preocupen más del plan de tráfico que de los materiales espaciales de la cubierta o la longitud de las barras de los bares en los palcos vip. Ya hemos tenido bastante diversión y ocurrencias estos diez años. Igual que con la Marina y el entorno de la Lonja, debe llegar el momento de que los vecinos vean realidades.

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