LOS SUELDOS SUBIRÁN MÁS

BURGUERA

Es evidente, como decía una diputada socialista en Les Corts la pasada semana que «los funcionarios lo han pasado muy mal durante la crisis». Tan cierto es eso como que, puestos a cotejar, son los que han salido menos dañados por el asunto. El porcentaje de los despedidos en las Administraciones Públicas respecto al de los empleados de empresas privadas que acabaron parados es dolorosamente incomparable. El descenso de los sueldos es también difícilmente equiparable. Y todo esto sin hablar de los autónomos, masacrados antes, después y durante la crisis. Por todo esto, la alta consideración de los políticos por los funcionarios se comprende, pero aún sería más encomiable si no orientasen gran parte de su política en los trabajadores públicos, el 20% de los empleados en la Comunitat.

En cualquier caso, se entiende que el Consell o las autoridades públicas poco pueden hacer en incidir sobre los sueldos del sector privado. Sin embargo, esos empleados son ciudadanos también, y votantes. Desde la Generalitat deberían plantearse qué sensación tienen esos electores cuando comprueban la eficacia con que actúa el Gobierno valenciano a la hora de preservar la calidad de vida de algunos empleados públicos. Entre ellos se incluyen aquellos que dan servicios como el de la Educación, respecto a los cuales el Ejecutivo autonómico no se corta en forzar la máquina para garantizar que concilien mejor su vida familiar en virtud a una jornada continua en los colegios que obliga al resto de la sociedad a vivir con la lengua fuera para resolver el problema de qué hacer con sus hijos, a los que se les imparte clase a toda velocidad con el fin de pirarse antes. El caso es que a los funcionarios se les sube el sueldo un 1%. No se harán ricos, por supuesto. Tampoco se forrarán los altos cargos que también se suben el sueldo. Y evidentemente que no son los políticos que ganan los mayores sueldos de España. Están mal pagados. Como lo están gran parte de los valencianos.

La Comunitat es una región pobre en una situación de infrafinanciación. La Generalitat es inviable. Si no se produce una condonación de la deuda, el Consell jamás accederá a los mercados para financiarse. Todas esas situaciones dramáticas casan mal con una subida de sueldo de los altos cargos. El argumento es, para ellos, demagogo, pero si el Consell no justificase sus frustraciones en la deuda y la falta de financiación, la ciudadanía entendería más fácilmente que se suban el sueldo, una mejora que no será la última. En los presupuestos autonómicos que se presentarán en diciembre se volverá a querer subir el sueldo de los altos cargos. Llevan dos años intentándolo, y echándose atrás, quizá también por demagogia. Esta vez no lo harán. A la tercera, irá la vencida.

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