'Stempatía'

JOSÉ M. DE AREILZA

La palabra 'stempatía' todavía no ha sido acuñada en español, pero convendría hacerlo para facilitar y enriquecer el debate sobre las profundas consecuencias sociales del cambio tecnológico. El nuevo vocablo surge al unir las siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) con la idea de empatía, la habilidad de ponerse en el lugar del otro y conectar con sus sentimientos. Gran parte de los puestos de trabajo en el futuro vendrán del mundo STEM y, posiblemente, sean los mejor retribuidos. Al mismo tiempo, se calcula que en Estados Unidos el 40% de los actuales empleos quedarán automatizados en 2030, con lo que muchas personas se sentirán obsoletas si no han sabido o no han podido adaptarse.

Los trabajos repetitivos ya son cada vez más susceptibles de ser realizados por robots y software -por ejemplo, en el ámbito del derecho de los negocios, más de la mitad de lo que hoy hace un abogado-. Esta nueva ola de cambio basada en el desarrollo de la tecnología digital nos obliga a pensar en cómo creamos una sociedad justa, al igual que lo hizo las primeras revoluciones industriales. El impacto de las desigualdades crecientes y el sentimiento de quedarse atrás ya están haciendo notar sus efectos en la política occidental. En muchos países millones de ciudadanos han perdido la fe en el progreso continuado y ha surgido con fuerza la llamada política de identidad, con sus derivas hacia el tribalismo y la xenofobia. Es más necesario que nunca poner en pie instituciones globales y hacer política y constitucionalismo en el nivel en el que se toman muchas decisiones sobre quien gana y quien pierde en este nuevo mundo.

En el terreno de la educación, la 'stempatía', se nos dice, es la clave para no perder los beneficios de la transformación tecnológica. Consiste en orientar la formación hacia los sectores con más futuro profesional, pero asegurarse de que ésta enseña a relacionarse con respeto, trabajar juntos y poner en común la creatividad. Sin 'stempatía' la tecnología no funciona, porque requiere un comportamiento colaborativo. Acabaríamos además habitando en sociedades fragmentadas y en burbujas tecnológicas, aislados de los que no piensan igual o no tienen las mismas capacidades.

La pregunta de fondo de la 'stempatía' nos devuelve al origen de la modernidad, con su descubrimiento de la idea central de una dignidad humana no sujeta a precio. En esta línea, el filósofo Javier Gomá nos recuerda que los fines de la educación universitaria deben ser tanto desarrollar profesionales como enseñarles a reconocer la dignidad humana alrededor suyo. Este segunda finalidad, advierte, ha de prevalecer sobre la primera en caso de conflicto. Desde esta perspectiva, se puede hacer una aproximación más honda a la pregunta de cómo generamos 'stempatía'. No se trata solo de maximizar el valor económico de la tecnología, sino de civilizar el cambio tecnológico para progresar juntos.

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