LAS 'STARS' DE NEGRO

ANTONIO VERGARA

Al menos, 'La niña de luto', película dirigida por Manuel Summers en 1964, defendía un pensamiento liberal y racionalista. Argumento: Una chica de un pueblo andaluz (María José Alfonso) no puede casarse porque le está 'guardando el luto' a su abuela, fallecida.

Conviene indicar que en la España más profunda, inculta y descabellada había la costumbre -'tradición'- de 'guardar luto' cuado moría un familiar muy cercano. El luto (vestir de negro) podía tener una duración de varios meses e incluso años.

En las mujeres, sobre todo, era socialmente obligatorio. Los hombres cumplían con la 'tradición' y la aprobación de sus vecinos poniéndose un brazalete negro en su brazo, preferentemente el derecho. Si lo llevaban en el izquierdo evidenciaban que no querían mucho a la persona desaparecida. El comentario entre los vecinos cotillas y criticones era: «¡Fíjate, ya se ha quitado el luto!».

El humor negro de 'La niña de luto' residía en que a causa de una concatenación de casualidades del destino, la protagonista no podía contraer matrimonio por el encadenamiento de muertes en su familia o en la de su novio (Alfredo Landa). Fue nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes.

Nadie podía imaginar que Suiza y Estados Unidos iban a sufrir un ataque de sin razón como en aquel pequeño pueblo de Huelva. Suiza es, por motivos obvios, uno de los países que más langosta consume. Pero o bien por complejo de culpa o por equipararla a un perro, un gato o cualquier otra 'mascota', han decidido anestesiarlas antes de echarlas vivas en agua hirviendo. A partir de hoy habrá que ir de luto cuando en el menú se anuncie langosta. Esta sociedad es cada vez más sensible con las langostas. Dentro de nada, algunos botarates exigirán que las gambas sean también narcotizadas.

Y si no, la repentina marejada de mujeres célebres, famosas, millonarias y del 'show business' de Estados Unidos, quienes al cabo de veinte o treinta años han denunciado que fueron víctimas de abusos sexuales y hasta violaciones, generalmente por los productores. Rápidamente han encargado carísimos modelos de firma y lucen por ahí de 'niñas de luto'.

En todos los numerosos libros que he leído sobre cine (biografías, ensayos, autobiografías) no hay ninguno donde no se citen documentalmente 'encuentros eróticos', la rapiña sexual de ciertos productores, pero también los 'afanes' de las actrices jovencitas por obtener los favores de un 'Studio' concreto de Hollywood. Así ha sido siempre. Y así es la vida.

Mucho menos eco ha tenido el manifiesto firmado por cien mujeres francesas, encabezado por Catherine Deneuve y publicado en la primera página del prestigioso rotativo parisino 'Le Monde'. Es un razonable discurso sobre 'las mujeres de negro fashion', y una crítica al 'pensamiento débil' o 'único'.

Estamos en temporada de monterías Y se rumorea que van a anestesiar a las piezas de caza. Como casi todo en Occidente, los orígenes de nuestra civilización y cultura se remontan básicamente a Roma y el Cristianismo. La cocina de la caza, también. La sazonaban con un sinnúmero de especias meridionales, árabes o indias, entre ellas el jengibre y el cardamomo, tan de moda hoy (no hay casi nada nuevo bajo el sol). Otro 'hit' de la cocina de caza es la cotizada, y cada vez más exigua -se importa bastante, de Egipto, verbigracia- becada, de plumaje color hoja de otoño y perfume a sotobosque.

La gran tradición de la cocina venatoria inventó la mejor receta posible: asada y 'sur canapé. Una carne maravillosa. No gusta a todo el mundo por la hondura de su sabor y, sobre todo, por la contemplación en el plato de su largo pico.

La liebre, guisada en 'civet', a la 'Royale' (la madre de todas las recetas con este animal de pelo: se cría ya en cautividad) o asado su lomo y acompañado de una aterciopelada salsa-crema, es una delicia. ¿Y un costillar de ciervo, simplemente asado y cortejado con salsa de membrillo? La cocina de la caza es un difícil arte, como se comprueba en 'El gran libro de la cocina de la caza' (1994), de Olgierd E.J. Graf Kujawski.

Es posible que en la temporada 2019-2020 veamos a los cazadores de alta alcurnia disparando, vestidos de negro Dior o Giorgio Armani.

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