Un solo día del Ebro

Cuarto menguante

Nos bastaría el agua que la riada hará que se pierda hoy en el mar para evitar los apuros de un año en la provincia de Valencia

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

En los dos minutos que usted invertirá en leer este artículo, el río Ebro habrá tirado al mar unos 200.000 metros cúbicos de agua como mínimo, quizás más. Para el cálculo hemos tenido en cuenta el caudal del que anoche informó la Confederación Hidrográfica del Ebro a su paso por Ascó, aguas abajo del embalse de Ribarroja, el último del río antes del mar: 1.671 metros cúbicos por segundo.

En Zaragoza se superaban los 1.700 metros por segundo, en Boquiñeni eran 2.200, el alcalde de Alcalá de Ebro daba por seguro que se alcanzarían horas después los 2.700 y que con ello no tendrían problemas, pero también temía que fueran 3.000.

Todos deseamos que no haya más desgracias humanas y que los daños materiales sean los mínimos; por favor, que no se malentienda ni un ápice lo que queremos exponer. Si alguien fuera por otros derroteros sería criminal, como también es de demagogos aprovechar cualquier comentario como éste, que sólo pretende pararse a reflexionar sobre cuestiones técnicas, para señalar que incidimos en el asunto del agua en momentos de zozobra.

No es eso en absoluto, queremos que no ocurran desgracias pero al mismo tiempo debemos recordar que apenas una mínima parte de todo ese caudal enorme que se pierde irremisiblemente en el mar sería suficiente para remediar los apuros de un año en la provincia de Valencia, por ceñirnos a una parte de nuestra Comunitat.

Esos 100.000 metros cúbicos por minuto -si no más- que el Ebro está desaguando en el Mediterráneo son nada menos que 6 hectómetros cúbicos cada hora, 144 en un sólo día.

Todos los embalses de la Confederación Hidrográfica del Júcar únicamente fueron capaces de sumar la semana pasada una mejoría de 14 hectómetros cúbicos, y, de ellos, 9 los aumentó solo Alarcón. El de Benagéber mejoró 0,78 hectómetros, Loriguilla perdió 0,41, Tous ganó 1,96... Una nimiedad. Esos 14 hectómetros de mejoría semanal son los que el Ebro lleva al mar en dos horas y pico.

Los embalses de la cuenca del Júcar están apenas al 31% de su capacidad, en apurada sequía, como también la del Segura (26%), la que sufre la más paupérrima situación en una España que ha visto cómo se han llenado las reservas del resto en apenas dos meses de reiteradas lluvias.

Ya sabemos que no es factible aprovechar de repente una súbita riada como ésta del Ebro para socorrer a otra cuenca, no hay camino, no existe canalización, ni habría tiempo. Pero si existiera la obra para poder trasvasar, la que se paralizó, y sabiendo como sabemos todos desde hace varias semanas, o meses (cuantiosas lluvias y nevadas, deshielo...), que esto iba a ocurrir, bien cabría programar con tiempo el desvío paulatino de caudales que ahora se pierden. Ya nos daríamos con un canto en los dientes con esos 144 hectómetros, lo que le sobra al Ebro en una sola jornada, lo que hoy se perderá en el mar.

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