Solidaridad a palos

PEDRO ORTIZ

A ver quién no está a favor de que suban las pensiones, y más después de haber visto al jubilado ese que sacaron en las teles: cuarenta años trabajando y le queda una paga miserable, decía, como si el cálculo se basase en los años trabajados y no en lo cotizado. Menos aún han pagado los que no han pagado nada y éstos también se quejan de que su pensión no contributiva es insuficiente. A ver, digo, quién es tan insolidario como para mostrarse en contra de la subida de las pensiones.

O que levante la mano el opuesto a acabar con la pobreza energética, concepto de moda, aunque tengo para mí que la pobreza energética es más pobreza, a secas, que pobreza con apellido: nadie es pobre para pagar la luz si no lo es para todo. Al final se va a conseguir que se baje el IVA de cines y teatro, actividades culturales que el Gobierno y los que viven de ellas consideran esenciales, pero que se mantengan los abusivos impuestos de la electricidad, que los frioleros necesitados no tienen galas de los Goya donde quejarse.

Tampoco conozco a nadie que esté en contra de que los funcionarios sean otro grupo agraciado en la lotería de los presupuestos de 2018, entre ellos Policía y Guardia Civil, que también, cómo no, se merecen la formidable alza salarial que los iguala a Mossos y Ertzaintza. Y a favor estamos de aumentar el número de plazas públicas, que cuantos más funcionarios haya, menos paro hay. Un Garzón, no recuerdo si el líder de IU o su hermano el economista de IU, llegó más lejos y propuso duplicar el número de maestros y médicos para rebajar a la mitad la ratio paciente/médico y la ratio docente/alumno y para dar empleo así al doble de personas. Coll tenía una propuesta similar: cambiar al Gobierno cada semana para que al cabo casi todos los españoles tuviéramos una paga de exministro. Y si no, y esta idea no es de Coll, que todos seamos incorporados a ese magma de fundaciones, observatorios, academias, consejos, institutos, empresas públicas y demás chiringuitos hechos para dar de comer a las familias y al BMW de los amigos. Serà per diners? Siempre hay dinero público, que no es de nadie, decía una ministra socialista de Zapatero.

A ver quién no quiere que sus vecinos vivan mejor. Aunque, en expresión de Josep Pla, que Joan Ignaci nunca lo dijo, ¿todo esto quién lo paga? Los impuestos. Los impuestos son una especie de solidaridad a la fuerza, que solo abonan los trabajadores de las empresas privadas, que menuda cruz salarial arrastran y sin nadie que les escriba, y las propias empresas privadas, siempre que éstas no encuentren compensación con un buen contacto en la Administración. Se establecen así dos grandes grupos sociales y económicos: quienes pagan los impuestos y quienes viven de los impuestos. Pero quien se atreva a escribirlo es tildado de insolidario. Solidaridad a palos.

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