La sociedad de la triple A

J. FERRERO

La nuestra es la sociedad del aprendizaje, de la aceleración y de la automatización inteligente. Una sociedad trifronte en la que las tres están íntimamente relacionadas. La aceleración en la que estamos instalados y la imparable automatización de la producción requieren de un aprendizaje constante para tratar de mantener una y otra y sobrevivir en el intento. Luciano Concheiro nos dice en su libro 'Contra el tiempo' que vivimos en una época de inmovilidad frenética. Yo lo asemejo a correr de espaldas. Ves la salida cada vez más lejos pero nunca llegas a ver la meta. Vivimos más que nunca, pero disponemos de menos tiempo, o al menos tenemos esa sensación, que al cabo es lo mismo. Quizá por eso consumimos la información y el conocimiento en pequeñas dosis -triunfan los libros cortos, los artículos cortos, las conferencias TED, los tuits...- y jamás sentimos colmadas nuestras necesidades porque lo que tenemos se queda obsoleto en poco tiempo, pasa de moda, deja de funcionar, aparece algo mejor o, simplemente, porque ansiamos lo que todavía no tenemos. En política es infrecuente tomar decisiones a largo plazo y también la sociedad está instalada por deseo propio o conformidad en el cortoplacismo, así que no pide ser gobernada a años vista.

Por otra parte, el incremento exponencial de la información y el crecimiento acelerado del conocimiento son hechos que nos abocan a aprender sin descanso. La nuestra es una sociedad del aprendizaje, como insiste en denominarla José Antonio Marina. Los avances científicos, las tecnologías y la globalización hacen que el aprendizaje deba ser consustancial a la vida de las personas y durante toda ella. Cuando los cambios eran lentos era suficiente con formarse de modo intensivo durante la juventud y ya luego la experiencia nos mantenía permanentemente capaces para el desempeño de nuestro trabajo. Ahora, nuestra sociedad -individual y colectivamente- ha de vivir en un proceso constante de adquisición y transmisión de conocimiento. De descubrimiento de lo desconocido e invención de lo no realizado y a la vez de transmisión y transferencia de lo que de ello resulte. Por eso es imprescindible aprender de forma permanente, tanto por vías formales como informales. En este escenario las tecnologías de la información y las comunicaciones nos exigen también una adaptación y aprendizaje constantes pero son a la vez la única herramienta que nos permite al menos intentarlo. Son demanda y oferta del aprender constante.

Si vivimos en la sociedad del aprendizaje ha de haber una economía del aprendizaje. En ella el valor de las personas y los colectivos -empresas, administraciones, universidades, países enteros- depende más de su capacidad de aprender y de hacer a partir de lo aprendido que de su saber en un momento dado. De hecho, aprender permanentemente es lo único que nos permitirá seguir siendo profesionalmente útiles. Cuando la mecanización, la informática o la robótica producen máquinas capaces de hacer nuestro trabajo de un modo más preciso, rápido, barato o seguro, las personas acabamos siendo sustituidas por aquellas. Para afrontar este reto se requieren cambios importantes en el modelo económico, de producción, así como de reparto del trabajo y de los beneficios del mismo. Necesitamos una nueva economía y que sean los estados y no los mercados quienes fijen ciertas reglas.

En el hipotético caso de que en pocos años pudiésemos vivir sin trabajar, por disponer de máquinas que realizasen todo el trabajo que ahora nosotros desempeñamos, no hemos construido un mundo ni tenemos un modus vivendi preparados para ello. Nuestro mundo no está hecho tanto para el ocio como para su negación, el negocio. Además, no solo se trata de distribuir adecuadamente la riqueza generada por las máquinas y el trabajo humano que todavía persista sino de organizar el tiempo de no trabajo, que será creciente.

Las máquinas son precisamente las que lo aceleran todo: la producción de bienes y servicios, el transporte de personas o mercancías, las transacciones, las vivencias a través de la realidad virtual... Tal es y será aún más su impacto que los pueblos más ricos dejarán de ser los que ahora diseñan lo que otros producen y lo serán los que posean las máquinas capaces de hacerlo casi todo y que, además de tenerlas, sepan usarlas provechosamente.

Mientras escribía este artículo escuchaba a Fernando Cabral cantar:

Me gusta la gente simple,

que hace la silla y la mesa,

los zapatos de mi madre,

el vestido de Teresa

Haciéndolo me sumí en cierta melancolía, pensando que la silla y la mesa las hace ahora Ikea;los zapatos, Tempe; y el vestido, Inditex. Seguro que en estas empresas también trabaja gente simple, como aquella a la que canta Cabral, pero en ciertas labores cada vez quedará menos gente, sea simple o complicada. Hagamos que sea para bien de todos.

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