Sistemas democráticos

DIEGO CARCEDO

Echo de menos estos días en que se debate la duración de los mandatos presidenciales que alguien con autoridad nos explique la diferencia entre los dos sistemas políticos democráticos que, con ligeras variantes, existen en el mundo. Se trata, lo sé, de algo bastante elemental que muchos darán por sabido, pero en muchos comentarios que se escuchan y leen da la impresión de que si es que no se desconocen las diferencias, se obvian. Líbrenme los lectores de interpretar que en estas líneas pretendo hacer pedagogía sobre algo que evidentemente conozco pero no en profundidad.

Existen dos sistemas democráticos en la organización política y administrativa de gobiernos de estados, regiones o municipios. Uno es el presidencialista cuyo principal ejemplo es el que rige en los Estados Unidos y en la mayor parte de América con la exclusión de Canadá. El presidente es elegido por votación popular y se convierte en la máxima autoridad del Estado y del Gobierno. El número de legislaturas suele ser de dos aunque hay excepciones, como México, en que el elegido sólo puede serlo durante un periodo único, en el caso mexicano de seis años.

En Europa el sistema que predomina es el parlamentario. Los votantes eligen a sus representantes en las cámaras legislativas y son ellos los que a su vez eligen por mayoría al jefe del Gobierno. Otra cuestión es cómo se elige a los jefes de Estado, ya que cuando se trata de monarquías parlamentarias, los reyes acceden al cargo de manera hereditaria; y cuando se trata de repúblicas son elegidos también por voto como en el caso de Austria o por el Parlamento, como en Italia. Los reyes y presidentes en este caso son jefes del Estado pero con funciones apenas representativas.

Existen también sistemas mixtos, como son los casos de Portugal y Francia, donde el presidente es elegido en votación directa y el primer ministro es nombrado por el presidente, que puede destituirlo. Los sistemas presidenciales o semipresidenciales tienen limitados los mandatos; en el caso de los sistemas parlamentarios, como el español, no. La explicación es que quien les nombra es el Parlamento que, por lo tanto, puede destituirlo en cualquier momento. Para eso existen las mociones de censura. En cambio a los presidentes elegidos directamente por los votantes, su destitución es mucho más complicada. Pueden hacerlo las Cámaras pero a través de procesos lentos y complejos, el 'impeachment'.

Poner límites a los mandatos en un sistema parlamentario, como ahora se debate, con constituciones como la española es difícil. Lo ideal ante la conveniencia de que los gobernantes no se perpetúen es que los propios partidos asuman que ocupar el puesto más de dos mandatos es contraproducente. Aznar y Zapatero lo asumieron renunciando a recandidatarse para un tercer mandato.

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