Los simbólicos

Arsénico por diversión

Si era un ensayo general, lo representaron tan bien que parecía ya el estreno

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

No se me vale», es una frase de patio de colegio. La dicen con frecuencia los niños cuando el juego les va mal y quieren volver a empezar. Es la que marca la diferencia entre el ensayo y la versión definitiva y, por lo general, se acaba admitiendo porque así los demás sienten que tienen más oportunidades. Forcadell ha acabado diciendo eso minutos antes de recibir la petición de prisión provisional por parte de la Fiscalía. No iba en serio. Era simbólico. Buen intento por parte de su abogado de impedir que se agravara su situación judicial pero sin demasiado éxito ni credibilidad. Lo mismo podría contestarle el juez respecto a la prisión: «no se preocupe, querida, cuando esté allí piense que es simbólico». Es todo un símbolo de lo que sucede cuando se incumple la ley.

Lo que asombra es la falta de previsión. Después de tantos años con el deseado referéndum y sus consecuencias, no parece que hayan preparado muy bien los distintos escenarios que podían llegar a producirse. Es la mejor prueba de la improvisación y la ilusión en la que han vivido durante años. Iba a ser proclamar la independencia y, chas, aparezco a tu lado. De pronto, Mary Poppins se encarga de ordenar los cajones, meter los juguetes en su sitio y hacer las camas a base de palmadas al aire. Uno de los escenarios más seguros era éste, el de la acción de la Justicia tomando exactamente estas decisiones que son tan previsibles como que están recogidas en el Código Penal. Preverlo no resultaba, por tanto, un ejercicio de imaginación extrema. Sin embargo, llegado el momento, unos se autodefinen como presos de conciencia, aunque Amnistía Internacional no los incluya en su listado. Otro mantiene su 'gobierno en el exilio', aunque no haya país alguno ni organismo internacional que lo reconozca. Y la otra dice que todo era una función de fin de curso aunque sus actos lo desmientan. ¿En qué quedamos? Si era un ensayo general, lo representaron tan bien que parecía ya el estreno. Y si no fue más que un brindis al sol, Puigdemont es un exiliado simbólico. Eso sí parece el peor de los ridículos. Forcadell ha dejado desnudo al rey. Puigdemont es un expresidente autonómico a la fuga, no un presidente nacional en el exilio. Y Junqueras es un pillo menos hábil o más iluminado. De haberlo sabido, él también hubiera defendido el modo «no se nos vale» y habría evitado la cárcel. O Forcadell tiene mejores abogados o menos escrúpulos. El caso es que ha dejado a los demás, sacrificados héroes de la patria, con la trasera al aire. Ni es creíble lo del símbolo ni que ahora lo proclame arrepentida, a tenor de su actuación en el Parlament, luego solo cabe pensar que la representación está teniendo lugar ahora. La consecuencia, en cualquier caso, puede ser interesante y más efectiva que las medidas judiciales. Divide y vencerás, decía el clásico. Tal vez sea eso lo que consiga desactivar a la banda de 'Los simbólicos'.

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