Silencio valenciano

CÉSAR GAVELA

Arde Cataluña y Valencia calla. O mira para otro lado. O dice algo, poco; muy poco. Apenas lo que suelen comentar los empresarios, cada día más espantados de la locura que está en marcha en la otrora sensata tierra del 'seny' y del 3 por ciento. Arde Cataluña aunque el fuego tenga aspectos ridículo y fantasmagóricos. Pero existe el incendio. Existe el fuego que trata de desunir a los españoles, y no digamos a los catalanes. El fuego totalitario que manipula, coacciona, apabulla, desprecia y miente. Arde Cataluña de estupor y desatino y la mayoría de los catalanes que no quieren la independencia y el desgarro, se mantienen en una actitud entre muda y bizantina. Con algunas y admirables excepciones de su sociedad civil.

Naturalmente, si en la propia Cataluña, no se movilizan las personas que están contra el golpe de estado civil que está organizando su gobierno, el que debe su existencia a la Constitución, no cabe pedir mucho protagonismo a la sociedad valenciana. Pero cuando está en marcha nada menos que la destrucción de España y la liquidación de un estado que lleva funcionando 525 años, parece razonable preocuparse un poco. Y por eso, porque hay que preocuparse un poco, un grupo de escritores, músicos, poetas y sabios catalanes acaban de expresar, con mucho cuidado y sutileza, que eso del referéndum es un error. Algo es algo, aunque sea tan tarde, y tan cautelosamente.

En la Comunidad Valenciana el silencio abruma. Y no debería ser así cuando compartimos con Cataluña una historia común, muy brillante por cierto, en el seno de la admirable Corona de Aragón, y cuando también compartimos con Cataluña y las Baleares nada menos que un idioma propio, rico y antiguo. Con sus diferencias, evidentemente, pero, sobre todo, con sus concluyentes similitudes.

Ante este desafuero, las universidades valencianas callan o, como mucho, se ponen de perfil. Se escabulle la fuente de la cultura en un asunto tan decisivo e insólito, como es la desmembración nacional. Algo que, además, nos toca muy de cerca porque los habitantes de la provincia de Castellón, de cumplirse la enajenación identitaria, pasarían a ser fronterizos de un estado que no pertenecería a la Unión Europea. Nada menos.

¿Por qué tanto silencio? ¿Tal vez porque hay secesionistas agazapados en el ejecutivo valenciano? ¿O porque nadie se toma en serio el aquelarre catalán? Pero aun aceptando que la independencia de Cataluña no va a suceder, algo obvio, lo que está pasando ya es mucho y va a más. Y dejará heridas graves. Y frustración, desconcierto y vergüenza. Y ante estos hechos y heridaslas instituciones que nos representan o nos educan, algo tendrían que decir. Sin embargo, manda la prudencia; que muchas veces es uno de los disfraces de la cobardía. O de la irresponsabilidad.

Fotos

Vídeos