LOS SIETE FUNDADORES

Mª ÁNGELES ARAZO

En el comentario del Misal del Padre Vicente Molina S. J., impreso en Editorial Hispania S.A., Quart, 135, Valencia, no se dedica una gran nota a la historia de 'Los siete fundadores', aunque es original. Vamos a subsanarlo porque lo merece. Es el misal al que siempre he recurrido cuando deseo conocer la vida, martirio y surrealista existencia del santo que se homenajea; esa biografía tan encantadora, ingenua o esperpéntica que me sorprende; el misal de colegiala, que está lleno de estampitas recogidas en aquella posguerra, donde las crías del curso de ingreso soñábamos con tener la aparición de un ángel, o levitar como San Francisco de Asís. Y tan imposible era sentir la fascinación del ser transparente y alado como elevarse un metro del suelo sin miedo a caer de un batacazo.

Bueno, a lo que íbamos. Lo de los 'siete fundadores' debió de ser una pura ilusión de los siervos de la Orden de la B.V.M. Confesores, quienes ignoraban que en esta tierra, cuando se reúnen siete personas es para formar una comisión de falla, y aun así cuesta a la hora de repartir cargos y responsabilidades. Lo curioso sobre el origen de 'los fundadores', a quienes la Iglesia otorgó una festividad dominical, es que surgen con el problema del hábito: ¿marrón como los capuchinos, con capucha o sin capucha...?, ¿blanco y negro en dos piezas, como los dominicos?, ¿color ala de mosca como los ermitaños, que han de peregrinar aguantando soles para pedir un pan? Porque no siempre hay cuervos dispuestos a alimentarles...

Y he aquí que, angustiados por esa duda que comenzaba a despertar polémicas, a uno de los miembros se le ocurrió decir: "Que nos lo diga la Virgen". Y por lo visto, según consta en el valioso y documentado misal, la Virgen María se les apareció en medio de rayos de luz, indicándoles tejido, color y hechura, así como el estilo de las sandalias, ya que los complementos cuentan.

La historia nos llega incompleta, puesto que el color no se especifica, o sea que a 'los fundadores' hay que imaginarlos según el gusto estético de cada uno; eso sí, sin olvidar que la Fundación partió de la increíble y bella Florencia.

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