La serpiente jubilada

RAMÓN PALOMAR

No pudo aparecer este verano la entrañable y desgalichada serpiente del verano en su tradicional formato de insípida banalidad porque los dramáticos acontecimientos encogieron nuestros corazones, agarrotaron nuestras almas, congestionaron nuestro espíritu. Pero el drama dio paso a la estulticia y, de nue- vo, comprobamos, otra vez, que en España resulta imposible unirse ante una cruel carnicería que se cebó en los inocentes. O sea, a ver si nos aclaramos... Según algunas doctas voces preñadas de ese insoportable e infantil buenísimo que pretende resolver el universo mediante flores, cancioncillas de paz de fuego de acampada y suaves caricias al enemigo, sufrimos el atentado porque le vendemos armas a Arabía Saudí. De entrada, si lo comparamos con otros países, nuestras ventas son las migajas de Pulgarcito en la gran orgía mundial del armamento. Por otra parte, ¿si no permitiésemos comercio armamentístico con Arabía Saudí los yihadistas no habrían cometido sus atropellos? ¿En serio? Alcanzar estas conclusiones mediante semejantes razonamientos revela una cochambre mental preocupante. El atentado en Barcelona ha abierto un debate acerca de la islamofobia, somos así de campeones. Aquí, salvo las excepciones de los cenutrios habituales, una minoría, nadie padece islamofobia, sin embargo convendría desarrollar cierta fobia hacia la pléyade de tontos tan atentos a fustigarse bajo el paraguas de la culpabilidad. «Algo hacemos mal para que nos odien y nos maten», afirman estos neobobos. Bueno, pues nuestra maligna sociedad se rige en Democracia y ha logrado un envidiable estado de bienestar a costa de nuestra sangre, sudor y lágrimas. En vez de castigarnos con la munición de las chorradas progres preferiría que encauzasen nuestras energías en previsión de futuras masacres. Menos llantina y más coraje.

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