La sequía obliga a una gestión de los recursos

El cambio climático que acentúa las sequías y su frecuencia y hace que España, en el recién finalizado año hidrológico (octubre 2016-17), haya tenido el más cálido y seco desde que comenzaron los registros en 1880, nos obliga a que nos planteemos como problema inmediato y urgente la solución al axioma 'o menos tierra de cultivo o menos agua por habitante' además de una gestión integral de los recursos hídricos (GIRH).

En España en general, y en nuestra sureste costa mediterránea en particular, con un fuerte 'estrés hídrico' definido cuando el consumo de agua supera el 40% disponible, en un 72% de nuestro territorio, hemos de introducir en nuestra agricultura, economía productiva, y prácticas de vida, nuevas exigencias eficaces en el uso del agua.

Además de los conceptos de agua azul (de ríos, lagos, embalses o pozos), agua verde de la lluvia, en parte permanece en la tierra, y agua gris, contaminada por usos domésticos, industriales y urbanos... que hay que depurar, y obligatoriamente reutilizar, anulando -si es necesario- derechos históricos sobre el agua azul de los agricultores, debemos abordar ya otros conceptos como 'agua virtual' y 'huella hídrica' en nuestro imaginario colectivo.

El 'agua virtual' nos indica la cantidad de agua consumida en la fabricación de bienes y servicios, tanto agrícolas como manufactureros. Así, para producir un kilo de carne de vacuno son necesarios 15.000 litros de agua; un kilo de pollo consume 6.000 litros; 2.700 litros son necesarios para producir un kilo de arroz; consumimos 1.000 litros de agua para producir un kilo de naranjas... y 2.000 litros de agua para producir un kilo de papel, o por ejemplo, gastamos 2.700 litros de agua para producir una camisa de algodón... Una persona, con nuestro nivel de vida, consume entre 2.700 y 3.200 litros de agua entre comida, bebida y vida diaria. Quede claro que no solo 'comemos agua'...sino que también consumimos agua cuando compramos una camisa, un mueble o un automóvil.

La 'huella hídrica' es otro indicador que relaciona el consumo de agua que hace una persona, una región, un país, una industria, o un tipo de cultivo agrícola. Esta huella es interna cuando se tiene en cuenta únicamente el agua consumida procedente de recursos del país o región, o externa cuando los productos que consumimos son producidos (los importamos) en el exterior. Es por tanto 'la huella hídrica' la suma algebraica del agua virtual (interna o externa), consumida por todos los productos y servicios de una región o país, y la que nos debe ayudar a tomar una decisión.

Bajo estos nuevos conceptos hay que focalizar el ahorro de agua agrícola, reduciendo los cultivos semi intensivos (algodón, remolacha) y los extensivos (cereales, forrajeras, maíz, etc.) que se riegan por gravedad, propiciando una nueva gestión del agua en estos cultivos con introducción de sistemas de riego más eficientes y tarifas progresivas que fomenten el ahorro. O simplemente analizada su 'agua virtual y huella hídrica', dejar de producirlos, e importarlos y potenciar los cultivos de menor huella hídrica y agua virtual, como son los cultivos intensivos y hortofrutícolas, que consumiendo sólo el 30% de agua, aportan el 70% del valor agrícola.

Ante nuestra escasez hídrica (España vs Comunitat Valenciana) debemos plantearnos la importación de materias primas que consumen mucha agua virtual, y no producirlas aquí- salvo una agricultura de proximidad-, e incrementar la producción y exportación de aquellos productos que consumen poca agua virtual interna.

Según los profesores Garrido, Llamas y Varela (Fundación Botín) importando 10 millones de toneladas de cereales y leguminosas forrajeras para pienso, importamos 14.000 Hectómetros cúbicos de agua virtual al año, y ello, además de consolidar nuestra cabaña ganadera, a la vez nos permitirá cultivar y vender hortalizas, que consumen un 'agua virtual propia' en menor cuantía, solamente unos 200 litros por kilo de hortalizas. El comercio del agua virtual es una opción política a considerar.

Es más, la Política Agrícola Común (PAC), con ayudas de hasta 57.000 millones de euros anuales a cereales y herbáceos, ha de dar un giro radical en sus subvenciones, pues ha llevado a que muchas tierras, por ejemplo de Aragón, Castilla-La Mancha, Lérida, Huesca, etc. se orienten hacia cultivos forrajeros, 'subvencionados', con una huella hídrica interna y un consumo de agua virtual elevada en detrimento de los hortofrutícolas (riego localizado, cultivos en invernadero, clima controlado, etc.) y otros como olivar o viñedo, donde la productividad hídrica/económica es más elevada.

Resulta irracional que mientras asistimos a una globalización mundial, aquí nosotros, para la gestión de un bien escaso, hayamos caminado hacia la centrifugación de competencias en el tema del agua. ¿Nos imaginamos si en un bien de uso común, como puede ser la energía eléctrica... sólo pudiéramos consumir en una ciudad, provincia, comunidad autónoma o nación, la energía eléctrica producida y generada en la misma área geográfica?

La situación actual requiere el poner en duda, incluso la concepción del principio de Unidad de Cuenca Hidrográfica. Es necesario acometer un sistema por el que se conecten las cuencas con excedentes -Norte, Duero, Tajo y Ebro- con las sedientas, Júcar (al 25% de su capacidad), Segura (al 13% de su capacidad), Guadalquivir y Sur y la conexión entre Duero y Tajo, y entre Tajo y Guadiana, creando las 'Autopistas del Agua' con el correspondiente peaje. ¿Es esto un 'imposible autonómico'?

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