El selfi

Imagino que los ciudadanos del futuro elegirán su propio mundo iconográfico, cuando la democracia explore lugares que no sabe ni que existen

MANUEL VILAS

Se cumplen los 50 años de la ejecución de Ernesto Guevara. Las fotos del Che Guevara no se pueden ver sin que te tiemble el alma. Las veo y me entran unas ganas locas de hacerme un selfie con el Che. La elaboración de la historia al fin encontró una forma de documento perdurable: la fotografía. Tenemos cincuenta millones de fotos que documentan el paso del tiempo. Fotos de Adolfo Hitler, fotos de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, fotos de Elvis Presley, fotos de los Beatles, fotos de Franco, fotos de Juan Carlos I, fotos de Isabel II de Inglaterra, fotos de Stalin. La gente creyó que al fin el hombre había pisado la luna porque había una foto. Puede que ese fuese el primer selfie importante de la historia: el astronauta y la luna. La fotografía dio visibilidad a la historia. Y luego vinieron las fotos obligatorias. No es lo mismo una foto elegida que una foto impuesta.

Nadie está hablando, hasta donde se me alcanza, de nuestra libertad iconográfica. Abres la web de cualquier periódico o medio de comunicación y te asaltan imágenes no deseadas. Sales a la calle y hay cientos de anuncios que te imponen un mundo iconográfico indeseado. No puedes elegir lo que quieres ver. Y el cine es también la construcción de una mentalidad audiovisual impuesta. Y la política es lo mismo: rostros de políticos que no te queda otro remedio que acabar conociendo. Y para colmo la fotografía no puede viajar en el tiempo. No tenemos fotos de Julio César o de Cristóbal Colón o de Confucio o de Aristóteles o de Platón o de Homero o de Juana de Arco. La fotografía, en sus inicios, construyó un modelo de conocimiento. Ahora construye la imposición de un discurso visual.

Imagino que los ciudadanos del futuro elegirán su propio mundo iconográfico, cuando la democracia explore lugares que en estos momentos no sabe ni que existen. Imagínate que pudieras sacar de tu vida visual la jeta de un montón de políticos cuyo discurso te entristece o te amarga, o la jeta de los cantantes de Operación Triunfo. Cuando desaparezca la coerción iconográfica, o sea de carácter facultativo, cada uno podrá construir la realidad política que le dé la gana. La necesidad de la fotografía se basaba en su valor documental. Pero del valor documental se pasó al valor de la coerción política, o de la manipulación ideológica. Todo discurso político necesita determinado universo fotográfico. El nazi Goebbels fue el pionero en transformar el valor documental de la fotografía en propaganda. La última revolución ha sido el selfie, que es la cosa más popular y democrática y cómica de los últimos tiempos. El selfie se basa en el culto al turista. El selfie atestigua que tú, un don nadie, estuviste en algún sitio o al lado de alguien que sí importaba. En el futuro uno podrá hacerse un selfie con Elvis Presley o con Lenin. O con Greta Garbo. O con Cleopatra. O con Cervantes. O con Jesucristo.

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