Los santos inocentes

ROSA BELMONTE

En 'Los santos inocentes' es difícil no preferir como espécimen humano a Paco el Bajo frente al señorito Iván (a Alfredo Landa frente a Juan Diego). La muchachada de Podemos suele tener en mente esa brutal diferencia de clase, también desde la atalaya señorita del Congreso. Si no, no se entiende que hayamos vuelto a escuchar a Alberto Rodríguez hablando de no sé qué dickensiana historia de su abuela, como costurera explotada, y la familia de Ana Oramas como explotadora. Se retractó pero Ramón Espinar atribuyó a ese cuento ceniciéntico el repaso que Oramas dio a Pablo Iglesias en la moción de censura (un poco sobrevalorada Oramas, aunque no tanto como Montero). «Odio de clase», aseguró Espinar que había en el discurso de la canaria. El clasismo tiene dos direcciones y de la conciencia de clase al odio de clase hay un paso. El mismo que hay cuando se pone verde a Cayetana Álvarez de Toledo porque critica a Irene Montero, la niña chica.

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