SANGRE ESPAÑOLA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Espero que no me consideren ustedes antiespañol si les confieso que la versión del himno de Marta Sánchez me resulta pelín empalagosa y algo folletín. También es verdad que acabo de zambullir la napia en lo último de Josep Pla, 'Hacerse todas las ilusiones posibles y otras notas dispersas', y al leer la prosa y el pensamiento planiano a muchos lectores se nos adhiere un sano escepticismo. «Cuando me hablan de la felicidad, la cursilería de la palabra hace que me parta en dos de la risa», dice Pla. Andábamos tan huérfanos de madre patria, entre el desprecio de unos y la desafección de sopa boba de los últimos lustros que, por fin, cualquier alarde de amor hacia España galvaniza los sentimientos de buena parte de la población. Si al salir a la calle un amable encuestador me preguntase lo de «¿Está usted orgulloso de ser español?», respondería según el estado de ánimo mañanero y así, las respuestas irían desde el «hombre, a ratos sí y a ratos no» hasta el «según la temporada» pasando por el «depende de cómo me vaya este mes». En cualquier caso, mi fervor patriótico ha aumentado ante los repetidos atropellos. Soy español. Es lo que hay. Me adapto con dignidad y desde luego no me avergüenza, por ejemplo, la conquista de América. Más bien al contrario: creo que fue una gesta formidable y espero que, algún día, espabilemos para escapar de una vez de la pútrida leyenda negra. De todas formas, jamás fui ni de Marta Sánchez (chiclepop) ni de Mecano (blandipop). Escuchaba a Parálisis Permanente y Gabinete Caligari. De hecho acabo de encontrar a la primera el single 'Sangre Española' de estos últimos, y dedicado. La preciosa portada (Cuní Bravo y J.Alfonso) muestra a un chaval cubierto por una bandera española. Corría el año 83. Se necesitaban muchos huevos en aquel tiempo para exhibir una portada así.

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