No salen de casa ni a por el pan

El auge de las ventas 'online' y el reparto puerta a puerta se ve espoleado por la moderna comodidad de la población

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Feliciano es un inmigrante iberoamericano que al llegar a Valencia se empleó en una cuadrilla de 'collidors' de naranjas, una de las ocupaciones más habituales para quien se encuentra en la imperiosa necesidad de hacer algo para ganarse la vida. Según épocas se suele recurrir a la citricultura, a la construcción, la hostelería..., lo que quede más a mano.

Pronto llegó a organizar su propia cuadrilla de 'collidors' y a encargarse directamente de elegir comercios o cooperativas que pagaran mejor el trabajo o que hicieran algo más cómoda la organización de la tarea. Pero no se iba a quedar ahí.

Conforme fue conociendo el sector naranjero valenciano, Feliciano pasó a comprar también pequeñas partidas de naranjas para revenderlas, al principio para industrias de zumo, luego a compañeros que venden en mercadillos y finalmente para abastecer a innumerables fruterías.

Sin dejar de comerciar, Feliciano pasó también a producir. Comenzó a tomar algunas parcelas en arriendo, con lo que, de alguna manera, viene contribuyendo a que no se quede más superficie sin cultivar. Últimamente hasta le tienta la posibilidad de comprar algún campo. La evolución más normal: conseguido ya el objetivo de asentarse, alcanzada la tranquilidad económica, llega la tentación de tener en propiedad.

Pero al mismo tiempo, como en buena medida ya es productor, se interesa más por los precios y la rentabilidad de lo que cultiva, al tiempo que ha seguido extendiendo su horizonte. Con la colaboración de compatriotas que están en otras líneas de negocios de distribución alimentaria empezó a realizar envíos de naranjas y clementinas a Madrid, donde compiten por precio y rapidez en el servicio directo a tiendas, restaurantes y colectividades. Y como el coste del transporte es el mismo si se lleva una cosa como si son varias, Feliciano ha empezado a vender vinos, conservas ¡y café de Honduras!

El último proyecto consiste en entrar directamente en la venta 'online' de naranjas. Nada nuevo, dirán, puesto que hay múltiples webs que las ofrecen. Pero en este caso dan un salto espectacular. No se trata de enviar periódicamente una caja de naranjas desde un pueblo valenciano hasta una urbanización de Madrid; eso puede salir caro. La fruta llegará en camiones a diversos almacenes de la capital, y desde allí repartirán las cajas (en la 'última milla') autónomos sudamericanos que ya se ocupan de llevar las compras on line que hacen los clientes de cadenas de supermercados. El coste logístico se abarata mucho, y más si se extienden con el vino, el café de Honduras y lo que sea.

La duda es: ¿Dará eso para tener una continuidad asegurada? Y Feliciano responde: «Sin ninguna duda; la población moderna europea se ha hecho tan cómoda que no sale de casa ni a por el pan, y alguien tiene que llevárselo; nosotros antes que otros». Y todo ello sin hacer un máster ni encargar sesudos estudios de mercado.

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