COMPRANDO EN EL TOP MANTA

Algunos de los que piden que papá Estado cubra todas sus necesidades fomentan la competencia desleal a las tiendas que sostienen el sistema

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

No es fácil de entender por qué este ayuntamiento que tanto dice defender al pequeño comercio no hace lo posible por acabar con el top manta, competencia desleal de las tiendas. Y no debe de ser tan complicado, una presión policial constante que asfixie el negocio y haga de Valencia una ciudad incómoda para los vendedores de productos falsificados. Pero habría otra manera de poner punto y final a esos zocos improvisados de manteros, una que afecta a todos y cada uno de nosotros, a los ciudadanos/consumidores/potenciales clientes. Si nadie les comprara, antes o después se irían con la música (los bolsos, las zapatillas y las prendas de vestir de pega) a otra parte. Pero claro, como dicen muchos de los que acaban picando, ¡es que está todo tan barato...!, ¡es que las falsificaciones están tan bien hechas...! Eso, y de paso algunos añaden que encima, comprando a los ilegales ayudan a unos pobres inmigrantes que no tienen otra forma de ganarse la vida, y ya puestos le hacen la puñeta a las franquicias, a los grandes almacenes, a las marcas de moda, a los principales fabricantes, explotadores todos, capitalistas salvajes. Vamos, que lo suyo prácticamente es un acto revolucionario y solidario y que cuando se llevan esas zapatillas que parecen Adidas pero no son Adidas no lo hacen por ellos, qué va, sino por los demás. Lo mismo que cuando piratean películas o libros no es por ahorrarse el coste de estas obras sino para fastidiar a las multinacionales, a las productoras, a las cadenas de distribución, a las grandes editoriales. España, por desgracia, sigue siento territorio propicio para el anarquismo,una ideología que en la primera parte del siglo XX tuvo en nuestro país una presencia muy superior a la alcanzada en otras zonas de Europa. Tal vez ese gen ácrata que corre por las venas del español medio explique algunas actitudes personales tan irracionales. Los mismos que piden que papá Estado llegue a todas partes, cubra todos los huecos y atienda hasta las necesidades más insólitas (y que por tanto no son tales), son los que fomentan con sus decisiones el auge de sectores que no contribuyen al mantenimiento de esa gran estructura llamada Administración pública. Pretenden y exigen que haya empleo para todos, pero con ellos que no cuenten para consumir pagando, es decir, para colaborar en el mantenimiento de las empresas en sectores como la cultura, los viajes, el ocio o el textil y los complementos. Comprar en el top manta, como piratear un libro, no es un acto heroico sino profundamente insolidario, egoísta, cortoplacista, depredador. Las tiendas que pagan sus impuestos, como las editoriales, las fábricas o los grandes almacenes, crean empleo, ayudan a mantener el sistema, la sanidad, la educación, las pensiones, la seguridad, los funcionarios... Lo otro es anarquía pura, sálvese quien pueda. Aunque para ellos sea mucho más divertido y, sobre todo, infinitamente más barato.

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