SABINOFILIA

CARLOS PAJUELO

En mi nutrida agenda de contactos tengo anotados nombres y funciones de ellas y ellos que dan mucho de sí como individuos y darían más si llegase a unirlos. He descubierto que muchos de ellos coinciden en los conciertos de Sabina cuando este cantaba por los cafés y restaurantes de Madrid no podía imaginar que sus letras y voz correosa de licores sin fin y tabacos constantes un punto canalla, atraerían a madres e hijas -el caso de la compañera en estas materias de decir por escrito, Paula Pons o el de Sonia Valiente, embajadora de la sonrisa a la que desde aquí invito a explorar el mundo de la sponsorización por la vía de Vitaldent de tan luminosa y dentiblanca que se la ve-.

Como no voy aquí a darme a la relación de los prosabinistas y parecer una guía telefónica novelada de infinitos personajes, me voy a las canciones y me detengo en párrafos de 'Me sobran los motivos', por ejemplo: Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, estas cenizas no juegan con fuego, este ciego no mira para atrás.

Se trata, parece, de romper con el pasado y todos nosotros deseamos olvidar trances, sucesos y eso ocurre hasta con la política actual en todos los sectores; se ve que lo hacíamos mal, muy mal y todos nos cuelgan el sambenito de viejos en todo y eso que antes hemos sido tan jóvenes que hemos dado a luz hasta a quienes nos critican.

Sabina late en la desesperanza que ha percibido.

Esta sala de espera sin esperanza, estas pilas de un timbre que se secó, este helado de fresa de la venganza, esta empresa de mudanza con los muebles del amor.

Ha percibido los contratos basura y los ha proyectado también sobre el amor y ha asumido que no es eterno y hasta que la muerte los separe.

Este cambio de acera de tus caderas, estas ganas de nada menos de tí , este arrabal sin grillos en primavera, ni espaldas con cremalleras, ni anillos de presumir.

Creo que los asistentes a sus conciertos y sus compradores de cedes encuentran en sus letras las sombras de sus deseos.

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