EL RUNNING, NUESTRO MEJOR EMBAJADOR

Las carreras son molestas para el ciudadano pero ahora mismo representan uno de nuestros grandes escaparates

EL RUNNING, NUESTRO MEJOR EMBAJADOR
Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

Aquí estoy, en la panza de una de esas ballenas blancas que un día ideó Santiago Calatrava, con mis frutos secos y mi boli 'Uni-ball eye'. No puedo redactar algo coherente sin roer algo -herencia de mi época de fumador- y no puedo escribir sobre la libreta sin mi bolígrafo fetiche. Antes traían cajas al periódico y podías coger uno cada vez que lo necesitabas, pero han dejado de proveernos y voy apurando los dos que me quedan como si su tinta fuera oro líquido. Antes de Fallas, angustiado, viendo que empezaban a languidecer, compré una caja por Amazon para no quedarme sin reservas y cada día entro en la garita de entrada a la redacción preguntando a los vigilantes, todo paciencia, si ya han recibido mi caja.

Al otro lado de las paredes sopla un viento horroroso y los organizadores no paran de repetir «¡qué lástima!» porque el aire, el maldito aire, va a arruinar todas las posibilidades de que afloraran marcas estupendas en el Mundial de Medio Maratón que está a punto de comenzar. Sí, es cierto, es una lástima. No creo que hubiera caído ninguno de los dos récords mundiales: el masculino, del eritreo Zersenay Tadese, me temo que tardará en ceder, y el femenino, mucho más asequible -estoy convenido de que no tardaremos en ver a mujeres acercándose a la frontera de los 64 minutos-, es difícil batirlo sin la ayuda de las liebres. Pero sí existía la posibilidad de ver marcas relucientes, récords nacionales, mejores marcas personales... Éxitos que serían como palomas mensajeras que repartirían por todo el mundo que en Valencia se puede correr francamente rápido. Pero yo me pongo profundo y a todo el que me viene lamentándose por el tiempo, le replico que el atletismo es mucho más que un cronómetro. Los atletas y la prensa internacional han quedado fascinados por el marco, con esa meta rutilante, y la organización. El tándem entre la Sociedad Deportiva Correcaminos y la Fundación Trinidad Alfonso, sabiduría y modernidad, atletismo y marketing, es el mejor matrimonio que ha alumbrado esta ciudad en décadas y después de encumbrar el maratón y el medio maratón, han logrado otro gran trabajo con el Mundial. No habrá muchas más oportunidades de ver en Valencia a los mejores atletas, aunque sea de una sola disciplina.

El viernes por la tarde, mientras escribía la previa, con mi boli deslizándose grácilmente sobre los folios, con las pipas matando mi ansiedad, vinieron algunos compañeros a preguntarme cuánto tiempo iba a estar cortado el centro el sábado por la tarde. En realidad no venían a saberlo, o sí, pero el verdadero motivo de su visita era protestar. Y cada dos por tres se entablaba un debate detrás mío. «Pues que corten el tráfico todos los fines de semana», se quejaba uno. «Pues podían hacer una carrera eterna, que durase eternamente mientras la gente pudiera correr», ironizaba otro.

Nadie reparó en que, después de años de excesos, de bólidos que griparon nuestra economía, Valencia está disfrutando de un escaparate impagable -son muchos los extranjeros que ansían venir a correr aquí y que luego serán heraldos de nuestra ciudad- que, encima, prácticamente no nos toca el bolsillo porque, para suerte de los runners, a Juan Roig le ha gustado este mundillo. Y que dure.

Elena Tejedor, que gobierna la Fundación Trinidad Alfonso, también se lamentaba por el viento, pero estaba feliz por lo que habían sido capaces de crear y hasta advertía que de repente había caído en que ya sabía cuál era la diferencia que apreciaba en la zona de la meta pese a que todo, aparentemente, era idéntico al maratón. «Es la luz», me decía, que no tiene nada que ver con la de noviembre. Como en la víspera, cuando un sol abrumador, iluminó la presentación de la carrera y recordó a Sebastian Coe, el legendario mediofondista británico, que él había estado en Valencia en 2009 para sentarse en el culo del Alinghi. Cuando se vaya lo que recordará de Valencia será la Copa América y este Mundial de medio maratón.

Yo soy poco objetivo, el atletismo me gusta incluso más que los frutos secos y mis bolis 'Uni-ball eye', pero creo que hay muy pocas ciudades en Europa con este cartel en el mundo del running. Ayer la primera imagen que vieron los espectadores de todo el mundo fue la Ciudad de las Artes y las Ciencias y un rótulo que ponía 'Valencia, city of running'. No tengo ninguna duda de que ahora mismo es uno de nuestros mejores atributos.

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