¡AY, LA ROPA MASCULINA!

Mª ÁNGELES ARAZO

Siglos antes de que Kate Moss eternizase su imagen, más sexy que nunca, con una chaqueta masculina como única prenda, y que otras modelos luciesen corbata sobre la desnudez de sus pechos, las damas palaciegas de Valencia ya habían descubierto el atractivo que puede tener la ropa masculina.

En un capítulo del interesante libro de Rosa E. Ríos Lloret 'Germana de Foix' (Biblioteca Valenciana), al aludir a la indumentaria de la virreina, tan dada al exotismo y la fastuosidad, se relata que poseía «tres parells de saragüells blanchs, grogs i burells».

Pertenecían a la clasificada como prenda interior pícara y por la descripción semejaban faldas cortas hasta la rodilla; algunas también eran negras y se complementaban con medias calzas.

La clara influencia de los zaragüelles resulta notoria: típico calzón confeccionado con retorta, hilo o lienzo que, por su holgura, permitía toda clase de movimientos al labrador en sus tareas agrícolas, al que no le importaba ni poco, ni mucho, mostrar muslos y confluencia.

Tan afortunada fue la adaptación para la mujer, harta de túnicas, sayas y capas que cubrían su cuerpo como el de una moja, que, a través del dominio de la Corona de Aragón, la moda llegó a Nápoles y se extendió en Italia entre las damas de la nobleza con erotismo palpitante.

Lucrecia de Borja poseía zaragüelles y con ellos obsequió a su cuñada Isabel del Este.

Abundando en las historias, Carmen Bernis, en su ensayo 'Indumentaria española en tiempos de Carlos V', también narra que la emperatriz Isabel tenía unos «caragüelles» de raso amarillo con tiras de tela de plata y con medias calzas de «azule blanco».

Qué insinuantes son los zaragüelles, llevados tanto por moriscos como por cristianos, que Francis Montesinos los relanzaría a la vez que los alargó como faldas para hombres en los desfiles.

Ayer y hoy siguen con su poder sensual, como todo lo que se cubre y se muestra al menor vaivén.

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