Ronda centrífuga

Una buena oferta de metro combinado con autobuses es el modo más eficaz de animar a los usuarios a dejarse el coche en casa

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

El taxista me lo dijo absolutamente convencido: «si quiere que vaya al centro, lo haré por la Gran Vía, pero no por la calle Colón». No era una estrategia para llegar antes ni una rebelión contra la clienta. Era una declaración de principios. No iba por Colón por decisión personalísima contra el desastre de tráfico que vivimos en Valencia. Poco importaba que la ruta fuera más corta, que a esa hora no hubiera demasiado tráfico o que pudiera encontrarse con clientes encantados con la política municipal de movilidad. Él tenía muy claro que los disgustos cotidianos debían hacerse notar aunque fuera de un modo tan simbólico como la declaración de independencia de Forcadell. No es el único. De hecho, mucho antes de toparme con el taxista rebelde, ya había notado, hace tiempo, que conducir por la calle más comercial del Cap i Casal era bastante cómodo a mediodía, una hora tradicionalmente complicada.

Como el taxista, son muchos los que evitan entrar en la ronda por los embotellamientos, las obras y la convivencia poco ajustada entre distintos vehículos. Es algo que no pueden decir fácilmente quienes tienen que acceder a Valencia cada día por la Avenida del Cid. Sin duda, se está expulsando al coche de la ciudad. No llegamos aún a los límites de Baleares prohibiendo la entrada de coches diésel para 2025 y de gasolina, para 2035, pero se utiliza una táctica igualmente desincentivadora. Moverse con coche en Valencia es terrible. Aunque sea eléctrico, eso es lo más curioso.

Los conductores que conviven cada mañana con el atasco en la entrada a Valencia por Xirivella se encontraron hace días con una pancarta muy clarificadora: «en bici ya habrías llegado». Pero cabía añadir otra debajo que dijera: «y en metro aún no habrías salido». Porque está muy bien potenciar el transporte limpio y sostenible pero el primer paso para lograrlo es un buen servicio público y resulta difícil calificar así el servicio de metro en Valencia cuando la huelga ha sido la constante más fiel de estos años. Teniendo en cuenta que el metro de Valencia, en realidad, es más bien un tren de cercanías para el área metropolitana, habría que pedir a esos dirigentes de la sostenibilidad que apostaran por tener la mejor red de unión entre las localidades que rodean Valencia y la capital. Una buena oferta de metro combinado con autobuses que lleguen a tiempo y con alta frecuencia en las horas punta es el modo más eficaz de animar a los usuarios a dejarse el coche en casa y evitar los atascos. Lo mismo sucede con el tráfico en el centro. No se trata de castigar al usuario del coche sino de evidenciar que es más cómodo no cogerlo. Eso no lo ha conseguido este ayuntamiento de buenas maneras sino enfadando a los taxistas, a los chóferes de autobuses, a los conductores de vehículos particulares que necesitan cogerlo e incluso a los propios peatones que ven cómo se gobierna más para otros que para ellos.

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