Una roca de estabilidad

JOSÉ M. DE AREILZA

Vivimos tiempos en los que las instituciones públicas o privadas parecen no ofrecer las soluciones que muchos ciudadanos demandan. Es fácil recurrir entonces a la invocación del liderazgo, como si las cualidades personales de nuestros dirigentes pudiesen suplir lo que no ofrecen los ciclos económicos y políticos y los contextos organizativos. Hay algo de infantil en esta búsqueda salvífica de líderes. Pero sin su concurso no se transforman las sociedades ni los lugares de trabajo. En el ámbito europeo, tanto la experimentada Angela Merkel como el emergente Emmanuel Macron destacan sobre el resto. Sin embargo, en esta lista corta también sobresale otra mujer en la que no pensamos normalmente como una líder, Isabel II. David Cameron la definió como «una roca de estabilidad en un mundo en cambio». Esta semana la Reina ofrece la primera entrevista de sus sesenta y cinco años de reinado, el más largo de la historia de Gran Bretaña. A sus 91 mantiene una agenda de trabajo intensa, con cientos de actos y visitas, un ritmo más bien propio de un político en plenitud, y no tiene previsto renunciar a la corona. Ha trabajado con trece primeros ministros, desde que tuvo que suceder a su padre con tan solo 26 años, sin estar preparada del todo. Es cierto que sus tareas constitucionales en parte están muy tasadas por la costumbre y el papel central del Parlamento en el sistema político británico. Pero en ausencia de una constitución escrita, Isabel II mantiene una verdadera capacidad de influencia y arbitraje. Es un símbolo de la historia y la unidad de su país. Al haber sido su comportamiento ejemplar durante tanto tiempo, ha potenciado la fuerza del símbolo. Esta alta reputación le permite llegar más lejos y le ha facilitado la gestión de las crisis cuando han llegado, como la ocurrida tras la muerte de Diana de Gales. La reacción inicial de la Reina fue tratarlo como un asunto privado, una decisión que generó desafección popular. Con la ayuda de Tony Blair, corrigió a tiempo esta actitud y reconectó con su pueblo. El estilo de poder de Isabel II es siempre medido, calculado, predecible y calmado. Es más adaptativo de lo que parece, ya que ha hecho algunos cambios (pagar impuestos, abrir su residencia al público) y su imagen ha surfeado bien la transformación de la comunicación -radio, televisión, redes sociales-. Incluso se prestó en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 a participar en un sketch con James Bond y pretender saltar en paracaídas desde su helicóptero. Su visión es siempre a largo plazo, por encima de la política y de las opiniones partidistas. Luis Ventoso nos ofrece la clave del liderazgo de Isabel II en su reciente libro sobre Inglaterra y el 'brexit': «La tarea sostenida en el tiempo, el deber continuado, acaba nutriendo el alma de la institución».

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