Robert Graves

CARMEN VELASCO

No todas las rubias tienen razón. Ni caso a Cristina Cifuentes: las vacaciones son imprescindibles. No hay debate. En 48 horas se presenta agosto. Para muchas personas comienza el mes en el que se acaba la sensación de llegar a casa aliviadas de que el cielo no se haya derrumbado sobre sus agendas, ordenadores, oficinas, negocios... Despídase de resolver problemas a la altura de otros, de cumplir horarios ajenos, de sortear las urgencias profesionales, de gestionar las rutinas e incluso de comulgar con ruedas de molino laborales. Como dijo Robert Graves, cuya estupenda casa en Deià (Mallorca) supone una agradable visita, «adiós a todo eso». Toca aplazar el presente, tropezar con la felicidad, reponer el apetito vital, conspirar a favor de uno mismo, recibir golpes de suerte, familiarizarse con la belleza, rodearse de los seres que menos nos juzguen, poner el cerebro en modo avión y funcionar como una máquina de vivir. Procede un paréntesis o dicho con palabras de Fernando Pessoa: «Vuelve mañana, realidad».

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